Real Federación Española de Atletismo
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 martes, 28 de mayo de 2019   ENTREVISTA WEB 39/2019
Disculpa un momento, Fermín

Por : Alfredo Varona - Fotos: Miguelez TEAM


Hoy no sé cómo explicar lo que voy a escribir de Fermín Cacho tras volver a verle correr el sábado en un 1.500. Así que, por encima de cualquier presentación, creo que lo mejor es que lean…

Siempre he pensado que uno también es en lo que se fija. Y esta mañana de sábado, en la pista de la Ciudad Universitaria, en esta reunión que une pasado y presente, yo he decidido fijarme en esa camiseta naranja debajo de la que se esconde un hombre cuyo recuerdo es de acero inoxidable: Fermín Cacho. En su biografía está almacenado el paraíso: las dos medallas olímpicas. Pero sobre todo, Fermín nos enseñó entonces, sin ninguna clase de retórica, que uno podía ser el mejor. Que ser el mejor no es un error. Que el complejo de inferioridad no existe y que nadie como él supo resolver el crucigrama en el momento cumbre. Tenía esos ojos. Tenía esa idea y tenía esas piernas y entre todos hicieron un gran equipo. Por eso casi 27 años después de aquel 8 de agosto de 1992 entiendo que aquella noche de los JJOO de Barcelona siempre será una motivo para escribir. Como el mayo del 68 de París o como 'Desayuno con diamantes' desde que escuchamos a George Peppard decirle a Audrey Hepburn, "siempre oí que en Nueva York uno nunca conoce a sus vecinos", y nos hizo recapacitar.

A su modo, Fermín siempre será uno de ellos. Al menos, para nosotros que deseamos poner de ejemplo el recuerdo de Fermín Cacho. El mismo que ahora está domiciliado en esa camiseta de color naranja que le queda más bien amplia y que nos recuerda que el tiempo no es mentira. Que ya no es como entonces. Que ya no tiene esa mirada que se le sale de los ojos ni esa prohibición para tomarse un trozo de tarta. El reloj ya no es parte de su trabajo. Tampoco de su vida, que hoy es la de un hombre amabilísimo de 50 años, embajador de Gofit (patrocinador de la RFEA), que dice ser tan feliz como en sus mejores tiempos cuando desabrochó nuestras emociones. Nos concedió entonces el deseo de escribir la canción más hermosa del mundo. Aquel verano yo sólo era un jovencísimo becario en el 'As'. Pero recuerdo que no me moví de la redacción hasta que leí la crónica que envió Ángel Cruz desde Barcelona. Luego, volví a casa andando de madrugada con una cara de felicidad que no se acaba nunca de aprender. Hoy, todavía me acuerdo. 27 años después, no he vuelto a leer otra cosa igual. Por eso el olvido no habita en ninguna parte. La memoria es un semáforo en verde que nos recuerda que Fermín Cacho fue un hombre que siempre jugó a ganar. Nunca aceptó el empate. Quizá por eso hoy yo estoy invirtiendo estos minutos, sea la nostalgia o sea la oportunidad: cualquiera sabe.

El caso es que tengo curiosidad por ver si Fermín se va a quitar esa camiseta naranja cuando empiece su carrera de 1.500. Si va a competir en tirantes. Si va a amenazar como amenazaba. Si va a regresar al pasado durante un rato, porque así es la imaginación, capaz de prometer lo imposible, cuando se pone pesada. Pero la realidad es que Fermín no se va a cambiar de camiseta. Y los nervios tampoco van a influir en el resultado. Y la carrera va a amanecer sin prisa. Y nadie va a encender el fuego, porque no hay nada tan brillante como entender que cada cosa tuvo su época. Por eso el trote de Fermín nos va a enseñar que el mérito ya no es ganar, sino disfrutar cada minuto en el que uno vive. El pasado ya se fue y, como él me dirá después, "yo ya hice todas las series que tenía que hacer en mi vida". Y tampoco importa el tiempo que ahora tarde en llegar a la meta. El reloj dejó de ser una amenaza y no importa que la media maratón, que corrió la semana pasada en Lugo, le saliese en 1 hora 45 minutos y que, a los ojos de los demás, parezca mucho tiempo. Porque él seguirá siendo él: Fermín Cacho. Y seguirá entrenando esos "cuatro días a la semana" que le parecen válidos, suficientes, la pipa de la paz.

Aun así, siempre que uno vuelva a verle en una pista seguirá imaginando. Seguirá mintiendo al tiempo o poniéndole en un compromiso. Seguirá trabajando el instinto de curiosidad sin miedo a equivocarse. Porque estas cosas ocurren con los personajes que un día nos dejaron marcados. Y no importa que hoy Fermín Cacho ya solo parezca uno más. Que fuese un atleta que precedió a las redes sociales o que vaya con esa camiseta de color naranja que resume a una multitud. Tampoco importa que haya tardado más de 6 minutos en terminar este 1.500. Quizá porque la magia del tiempo es ésa. La de igualarnos a los ídolos, la de compartir escenario con ellos y la de recordarnos que el cronómetro ya no forma parte del porvenir. Y no pasa nada. Y por eso seguimos diciendo Fermín, querido Fermín Cacho. Y no renunciamos a ponerlo de ejemplo. Y tampoco dejamos de aprender de él. Ni siquiera el día que se hizo mayor y se alejó para siempre de la guerra.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Fermín Cacho
Galería de Fotos (Miguelez TEAM) - II Memorial Miguel de la Quadra-Salcedo
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Fermín Cacho junto a Alfredo Varona, autor de esta entrevista
Fermín Cacho junto a Alfredo Varona, autor de esta entrevista









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