Real Federación Española de Atletismo
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 miércoles, 22 de mayo de 2019   ENTREVISTA WEB 36/2019
El hombre de 73 años que explica a Fátima Diame: Rafa Blanquer

Por : Alfredo Varona


El eterno Blanquer entrena a la joven Fátima y no le cuesta trabajo imaginarla como finalista en los JJOO de Tokio.

La protagonista de esta historia es una joven que tiene una condición indispensable: la cabeza bien amueblada. Una cabeza que reparte su vida entre los estudios de enfermería y el atletismo: Fátima Diame. Su entrenador Rafa Blanquer, un hombre de 73 años, que lleva toda la vida en esto, dice de ella que "ya es una realidad". Incluso contesta que sí a preguntas tan valientes como si la imagina finalista en los JJOO de Tokio 2020. Y no veo que el hombre lo dude. Y, claro, resulta materialmente imposible no compartir su esperanza. De ahí que esta historia tenga esa capacidad de elegir su propio camino. En ella, Fátima es esa atleta a la que Blanquer cada día advierte "con más fuerza y con más elasticidad". La ilusión no es ningún lio, "…y si tiene suerte…", razona el entrenador, "aunque solo sea la suerte de no lesionarse", que también es importante. Muy importante para que esta historia llegue algún día a las salas de cine..., ¿quién dice que no puede pasar?, ¿por qué no?


La magia de Rafa Blanquer no tiene truco. Su magia está en el tiempo, en una biografía que es como la letra de una canción que uno no quisiera olvidar nunca. Nos concede el deseo de retroceder hasta el año 76, hasta el viejo estadio de Vallehermoso, cuando fue el primer atleta español "en romper la barrera de los 8 metros (8,01)" en salto de longitud. Luego, se retiró a los 33 años. "Pero a los 40 mi entrenador me convenció para volver en categorías de veteranos y aguanté hasta los 47". Y esta historia, que hoy me cuenta a mí, a veces también se la cuenta a Fátima. Y Fátima escucha con esos ojos suyos que desafían al futuro. Porque el futuro es el sitio en el que Fátima va a pasar el resto de su vida. Y hoy solo estamos tratando de anticiparnos al éxito, que también es una cosa muy humana. Que nos recuerda que todos necesitamos pensar alguna vez a lo grande. Que ella tiene un estímulo imprescindible: esos 22 años que encienden la luz.

"Fátima es la chica que te hace la vida más fácil. Que viene aquí y transmite toda su alegría, toda su bondad. Por eso sé que mi programa con ella está en buenas manos. Porque, en realidad, está es su historia. Yo sólo la indico el programa y ella lo hace suyo", razona Blanquer, que habla lento, didáctico. "En todos estos años, Fátima entendió que a veces hay que ser inflexible. Que esto es así. Que aquí forma parte de un grupo muy exigente. Que hay unas reglas que cumplir y que, si no las cumplimos, no podemos aspirar a estar donde queremos estar", explica Blanquer como explicó siempre. La diferencia es que hoy ya tiene 73 años y, a su lado, está su hijo mayor, de 45, que es su mano derecha.

"Él fue vallista hasta que tuvo un accidente de moto (conmoción cerebral, clavícula...) y tuvo que dejarlo. Se le metió esta vocación por entrenar y hoy sigue aquí, a mi lado con una vitalidad que a veces a mí ya me falta, obviamente. A mí edad, las tuberías ya están desgastadas. Pero por fortuna hago lo posible por mantenerme joven y los atletas son comprensivos con mi edad". De hecho, Fátima le trata de tú a Blanquer y se refiere a él como el hombre que lo sabe todo. Pero es que Blanquer es también el padre de Paula, la amiga de Fátima y la hija pequeña de Blanquer que tiene 15 años, que también hace atletismo (longitud y vallas) y que siempre le dice a su padre "lo buena que es Fátima" y le recuerda todo lo que aprende de ella "cuando la ve entrenar o cuando viene a pasar la tarde a casa". Y a Blanquer, el hombre de 73 años, no le extraña, porque ve en Fátima "esa alegría o esa sonrisa que tenía Glory Alozie, que hace tiempo que se fue a vivir a Lagos, o esa seriedad, esa forma de afrontar el trabajo de Niurka Montalvo, y que no hace falta que se la pongas como espejo, porque, a los 22 años, Fátima ya forma parte del espejo".

Y lo dice Blanquer, el hombre de la biografía milenaria y, pese a todo, eternamente joven en Valencia, ubicado en la historia. El deber es recordarla. "Aquí tuve a Niurka, que llegó a ser campeona del mundo y que llegó a saltar 7,06; a Concha Montaner, que fue campeona del mundo junior, a Yago Lamela que con nosotros llegó a saltar 8,53 que es una barbaridad…", memoriza. Todo eso hace pensar que Fátima está en el sitio exacto, conexión con la sabiduría. "Pero es lo que decía al principio: hay que tener suerte. La suerte es importante. Aún más en su caso que compagina triple salto con la longitud y, aunque se salta con diferente pierna, no es fácil de compatibilizar. Pero estamos ahí y queremos estar ahí", insiste Blanquer, que nos invita a reflexionar en cada respuesta.

"Al atleta no se le puede agobiar porque el agobio es mal sitio. Al atleta hay que ayudarle a descubrir su sitio, que es lo que hemos hecho con Fátima. Pero a partir de ahí es ella, ha sido ella, porque nosotros somos los que exigimos pero, en realidad, los que lo hacen son ellos. Son los atletas como yo hice en mi época cuando descubrí que no siempre se pasa bien". De ahí que conocer esos momentos también sea imprescindible para Fátima. "Cuando tuve que convencerla de que las lágrimas son una manera de aprender, no hubo problema: lo entendió enseguida". Quizás por eso hoy ella ya es una realidad y no extraña que Rafael Blanquer, el mito, el entrenador de los 73 años, se la imagine finalista en los JJOO de Tokio.

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Fátima Diame
Historial Deportivo de Rafael Blanquer
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