Real Federación Española de Atletismo
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 martes, 23 de abril de 2019   ENTREVISTA WEB 30/2019
Eusebio Cáceres: "Vuelvo a pensar en los 8,50m… pero no como marca límite"

Por : Antonio Aparicio


Tras obtener su 'medalla de chocolate' más dulce (la 3ª en una gran cita), el renacido saltador de longitud nos transmite la importancia de saber valorar los cuartos puestos y reírse de las contrariedades deportivas. También nos habla de sus planes futuros, su amistad con Jorge Ureña o su proceso de autoconocimiento personal para superar su "laberinto" de lesiones.

Mientras los protagonistas de las 6 medallas españolas en el pasado Europeo bajo techo acaparaban los aplausos, Eusebio Cáceres, ese joven prodigio que en categorías menores conquistó 4 medallas internacionales y batió un récord mundial júnior de heptatlón todavía vigente, debía conformarse con su tercer 4º puesto en un gran campeonato absoluto. Con 27 años, el de Onil aún no ha podido subir a ningún podio entre los grandes. Pero en Glasgow obtuvo su mejor resultado en pista cubierta. Y sobre todo, tras 6 años luchando tenazmente contra un rosario de lesiones muy diversas, al fin retomó la senda de la normalidad y las grandes esperanzas.

DE NUEVO "A MUERTE"
"En Glasgow me sentí muy, muy bien. Quedé cuarto, y tal vez pude haber quedado un poquito más arriba, pero en ningún momento me importó nada el puesto. Simplemente valoré aquello por lo que había estado luchando tanto tiempo, que es el poder disfrutar en una competición, ir a muerte, sin pensar. Es lo que me gusta a mí: competir, estar allí entre todo el jaleo con los mejores, y luchar con todo lo que tengo. Y en ese momento era todo lo que tenía", subraya, antes de explicar el peaje que te hace pagar la falta de continuidad por las lesiones: "Llevo tanto tiempo sin poder saltar bien, que mi técnica y mi manera de correr están desfiguradas. Mi forma física, aunque pueda ser de las mejores, no es ni por asomo la mejor que podría tener… Pero allí pude lucharlo, y eso me dejó muy contento".

Sobre todo, Eusebio valora el haber recuperado esas sensaciones que, en lo sucesivo, deberían permitirle volver a aspirar siempre a todo: "Antes era empezar una competición y no saber si iba a poder acabar. Tenía cualquier 'historia', cualquier dolor, y debía tener cuidado. Pero allí no. Allí iba sin cuidado, a muerte, sin miedo".

En estas fechas de ilusionantes nuevos talentos para el atletismo español, conviene escuchar a Eusebio Cáceres para tener muy presente que, junto a los buenos momentos, siempre hay que estar preparados por si llegan otros duros. Y es que, hasta 2013, todo parecía de color de rosa. Mientras encadenaba temporadas muy regulares y acumulaba podios en categorías menores (1 bronce y 1 plata en los Mundiales júnior de 2008 y 2010; 1 oro en longitud y 1 bronce en 4x100m en el Europeo sub-23 de Tampere 2013), el alicantino también comenzaba a despuntar en los grandes campeonatos absolutos; empezando por el Europeo de Barcelona 2010, con aquellos 8,27 en la calificación (entonces récord de Europa júnior) que le habrían dado la plata en la final (donde quedó 8º).

LABERINTO DE LESIONES
Pero ese mismo 2013, precisa, "ya fue complicado". Una rotura del 'isquio' de la que luego recaería le obligó a perderse el primero de 4 campeonatos en pista cubierta consecutivos (2013- 2016). Y tras ese año, a los problemas de isquiotibiales se unieron los de espalda, tobillo, aductores… "De todo (risas). Es que al final era un poco de todo", señala Cáceres, quien, aun así, se las arregló para superar los 8 metros en una decena de competiciones desde 2014, incluido su mejor salto bajo techo (8,16 en 2015) y su segundo mejor al aire libre (8,31 en Monachil en 2017).

Eusebio no dejó de buscar remedios para sus males. Cuando las molestias le permitían saltar pero no hacer muchos saltos seguidos, buscaba ejecutar uno a tope en el que pudiera resolver la papeleta. A principios de 2016, el doctor Pedro Guillén le quitó para siempre un problema en el tobillo izquierdo que creía crónico y que "al final se resolvió con una simple infiltración". Luego, a finales de ese año, dejó a sus entrenadores de siempre en Onil (Jesús Gil y José Antonio Ureña) para entrenar en el CAR de Madrid con Juan Carlos Álvarez y tener mejor acceso al tratamiento médico.

Allí comparte un grupo de gran nivel (del que destaca su buen ambiente y sus 'piques' sanos entrenando que hacen crecer a todos) junto a otros saltadores horizontales como Pablo Torrijos, Héctor Santos, Dani Solís, Sergio Solanas, Patricia Sarrapio, Marina Lobato, Leticia Gil o Juliet Itoya, así como el velocista Ángel David Rodríguez. "(Juan Carlos) tiene un sistema de entrenamiento muy efectivo. Además, está muy en correlación con la fuerza, que es algo que me faltaba y me está yendo muy, muy bien para los problemas musculares, que se me han ido prácticamente", resalta.

CONÓCETE A TI MISMO
En ese proceso de conocerse a sí mismo y a sus peculiaridades físicas, Eusebio y su técnico hicieron recientemente un descubrimiento que parece haber sido clave: "Yo no puedo estar sin tensión, por lo que ahora no me hago masajes periódicos en los 'isquios' para liberar tensión como cualquier persona, porque me sientan mal. Y desde entonces me he sentido mucho mejor. Es algo que no se entiende en este mundo, pero yo me siento un poco como en un laberinto. No soy alguien normal; no me trato como todo el mundo".

Y psicológicamente, ¿cómo ha hecho para soportar todos estos años de calvario? "Siempre he tenido cierta facilidad para no pensar mucho en cosas de dolores, o en lo que pudiera haber hecho. Mirar hacia atrás sólo sirve para intentar aprender, e intentar evitar ese dolor que tienes. Pero si ahora mismo hubiera tenido algo, lo único que podría hacer es solucionarlo e ir hacia delante", subraya.

El alicantino observa que, afortunadamente, no ha sufrido ninguna lesión demasiado grave que implicase operarse. Ni "tampoco muchos bajones", aunque el año pasado (que incluyó su primera temporada al aire libre totalmente en blanco) le resultó especialmente difícil. Asegura que nunca se planteó tirar la toalla, aunque una vez sí llegó a pensar que, aunque siguiese intentándolo, tal vez no podría lograrlo: "Sólo me duró ese pensamiento un día, y fue poco tiempo, pero me dolió mucho, porque no creo que sea la manera de intentar conseguir algo que quieres".

A cambio, Eusebio siempre ha hecho valer su fe tremenda en sus posibilidades: "Siempre he creído que es verdad que tengo algo dentro que, podrá salir o no, pero yo lo quiero sacar, por lo que tengo que lucharlo. Y no creo que sea para nada tarde. Sigo teniendo bastante tiempo y lo haré cuando pueda; cuando me haya conocido lo suficientemente bien para poder sacarlo todo", asevera, y señala un pensamiento que le motivaba especialmente en los momentos duros: "Ver a gente que saltaba mucho y tener la sensación de que a lo mejor no soy mejor que ellos, pero tampoco eran mejores que yo".

LECCIONES, DESDICHAS Y MUCHAS RISAS
Los buenos recuerdos también ayudan. Y al citar sus tres grandes competiciones internacionales que más le enorgullecen, Eusebio nos sorprende, porque no menciona su único triunfo (el oro de Tampere, donde además logró esos 8,37 que mantiene como marca personal). "Una especial es el Mundial Júnior que me ganó Luvo Manyonga en 2010. Quedé segundo, pero recuerdo que estuvimos bastante igualados, y los dos hicimos nuestro mejor salto en el último intento: él 7,99 y yo 7,90. Fue un baño de realidad; saber que en cualquier competición cualquier persona te puede ganar, y que no puedes creer que siempre vas a estar ahí arriba como si nada. Me gustó mucho porque saqué lo mejor de mí y, sin embargo, me ganaron. Desde entonces, siempre tengo presente que, por muy bien que te salga, tienes que entender que siempre puede haber alguien mejor que tú", resalta Cáceres, quien destaca asimismo el Mundial de Moscú 2013 (porque también lo dio todo y aun así quedó 4º con 8,26) y el Europeo de Barcelona 2010 (por su récord de Europa júnior y esa "sensación espectacular" de estar todo el mundo apoyándole en casa).

Eusebio no necesita psicólogos. Pero seguramente, su principal arma mental no son todos estos razonamientos sencillos y constructivos, sino su sentido del humor y su capacidad para reírse de sus desdichas. En media hora de entrevista, este fan de 'Los Simpson' sale a más de carcajada por minuto, tocando techo cuando recordamos cómo se escapó por detalles mínimos el podio en sus tres 'medallas de chocolate' internacionales. En Moscú'13, se quedó a 1 cm del bronce y a 3 de la plata. En Zúrich'14 saltó 8,11 y, después de lesionarse el 'isquio' en el tercer intento, el francés Gomis le dejó sin medalla en su último salto con 8,14 ("y en el primer intento hice un nulo por muy poquito que me hubiera valido la plata", puntualiza). Y en Glasgow'19, el desconocido serbio Jovancevic dio la campanada logrando un récord nacional de 8,03 para desalojarle del podio por 5 cm.

Pero Eusebio insiste en que, mientras pueda competir y pasárselo bien, no le obsesionan las medallas. Y suelta la risotada más grande cuando recordamos que, a esos tres cuartos puestos, se une otra carambola deportiva no menos frustrante: haberse quedado fuera de la final de Londres'12 (sus únicos JJ.OO. hasta la fecha) con la misma marca que el último atleta clasificado. "Es difícil no creer en la mala suerte, pero no creo", sentencia. "Además, cuando me pasó lo de Moscú, recuerdo un pensamiento que tuve y se lo dije a mi entrenador Jesús Gil: 'ha sido por poco, pero la próxima vez no se trata de que lo pueda conseguir por unos centímetros, sino de que, en vez de faltarme uno, me sobren 20'. Así que hay que trabajar para ello (risas)".

UN FUTURO ILUSIONANTE
Ya pensando en el futuro, Eusebio pretende empezar a competir en junio, mirando sobre todo al tardío Mundial de Doha y, previamente, a un Europeo de Selecciones que suele dársele bien y le gusta muchísimo, pues no olvida que su primera internacionalidad absoluta se produjo con 17 añitos en Leiria 2009, donde encima ganó y saltó por primera vez 8 metros. "Lo afrontaremos sabiendo que todavía hay mucho tiempo para preparar el Mundial, sin ninguna prisa y sin hacer barbaridades, porque creo que me voy a encontrar cada vez mejor por el simple hecho de poder entrenar seguido".

Es más, está convencido de que, si sigue domando a sus lesiones, mejorando la velocidad y reaprendiendo la manera natural de saltar, debería acabar logrando esa mínima de 8,22 que piden para Tokio 2020, sin necesidad de complicarse la vida con el nuevo sistema de ránking: "Es que he visto los saltos de Glasgow y técnicamente son muy, muy malos (risas). Y aun así pude hacer algo... Ahora, si logro esos 8,22, me valdrá para los JJ.OO, para el Mundial de Doha, y para el Mundial de pista cubierta. De todas formas, no quiero reducirme a buscar una simple mínima. Quiero evolucionar y, si sale todo decentemente, debería estar rondando mi marca personal".

Y más a largo plazo, ¿con qué se quedaría satisfecho Eusebio Cáceres? "No sé… ¡Con nada! (risas). Curiosamente, pienso lo mismo que antes de pasarme todas estas lesiones. Tengo intención de llegar a 8,50, pero no la busco como marca límite, sino como marca para desbloquear ese límite. Creo que cuando llegas ahí, rompes una barrera en la que tu cuerpo y tu mente empiezan a pensar sin límites, y simplemente en sacar todo lo que tienes". No muy lejos estaría el récord de España, y es obligado preguntarle si ha tenido esos 8,56 en sus piernas en algún momento: "No estoy seguro, yo creo que no he llegado a tenerlo. Sí que algún salto pudo estar sobre 8,50, más o menos, como el primero que realicé en Tampere, cuando logré mi mejor marca de 8,37. Pero es que los nulos, nulos son…".

Cáceres es perfectamente consciente del tremendo nivel que está adquiriendo la longitud, con el cubano Echevarría, los sudafricanos Manyonga y Samaai, los estadounidenses, o el propio griego Tentoglou (oro en Glasgow con 8,38). "Pero a mí me encanta saber que hay ese nivel. Creo que eso te hace sacar lo mejor que tienes; querer ir con ellos y querer ganarles. Simplemente quiero estar en esas competiciones y lucharlo, porque me encanta. Y si me llevo la medalla mejor, pero si no, tampoco pasa nada", reflexiona.

DOS ONILENSES FABULOSOS
Finalmente, Eusebio expresa su alegría por el buen funcionamiento actual de sus queridas pruebas combinadas; y especialmente por el oro europeo en heptatlón de su paisano y ex compañero de entrenamientos Jorge Ureña: "Le dije que se lo merecía. Yo lo había visto desde siempre, y sabía todo lo que le había costado también. Además, estuvimos hablando en la concentración de octubre en Doha, por nuestros problemas de pubalgia que teníamos allí los dos… Es alguien que entrena muy bien junto con sus entrenadores, que son los mismos que fueron los míos; han hecho un gran trabajo y lo siguen haciendo. Además, es muy amigo mío y me llevo muy bien con él; me alegré mucho".

De hecho, ¡a punto estuvo Onil, un pueblo de 7.500 habitantes, de tener dos medallistas en Glasgow el mismo día! "Estábamos en competición y me acuerdo que estaba centrado, y de repente cruzó Jorge la pista, me saludó, y yo: '¿pero qué haces aquí?'. 'Nada, que he venido a saludarte, me voy a hacer la pértiga'. Y yo: 'la madre que lo parió...' (risas)".



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Historial Deportivo de Eusebio Cáceres
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Juan Carlos Álvarez, su entrenador
Juan Carlos Álvarez, su entrenador









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