Real Federación Española de Atletismo
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 martes, 02 de abril de 2019   ENTREVISTA WEB 22/2019
Yunier Pérez: "Que no lo dude nadie: todo lo que pasa conviene"

Por : Alfredo Varona - Fotos: Miguelez TEAM


No hay necesidad de convencerle de lo que te convence él: volverá. Yunier Pérez volverá. A los 34 años, volverá para demostrar que todo es posible. De ahí que esta conversación sea un golpe de ánimo: la lección de un hombre que cree en sí mismo. Incluso, en estos días en los que las muletas le acompañan a todas partes. Quizá hasta se enfrenta al más difícil todavía después de haberse roto por segunda vez en un año el tendón de Aquiles. Pero no hace falta darle el pésame a un hombre que no te lo pide. "Dios le entrega las batallas más difíciles a sus guerreros más capaces", replica hoy Yunier con una seguridad casi conmovedora, retrato de un atleta enamorado de su propia recuperación. El deseo le transmite la fuerza que necesita y la sensación de que "todo lo que pasa conviene". Una idea sin la que él no concibe la vida, "porque, si echas la vista atrás, te das cuenta de que casi siempre es así".

Me ha hecho usted saber que "todo lo que pasa conviene".
Bueno, es que esta es una frase que en Cuba se dice mucho. Nos recuerda que al principio, siempre nos quejamos de las cosas que nos pasan. Sin embargo, luego sonreímos al recordarlas y decimos, 'si no hubiera pasado esto, yo no hubiera sido así'. Por eso no dudo que todo lo que pasa conviene.

¿Fue entonces una fortuna lesionarse? No, hombre. Por favor. Eso nunca. Eso no se puede ni preguntar, porque lesionarse siempre es una tragedia. Pero las lesiones te ayudan a ver el lado positivo de las cosas, a buscar otras esperanzas, a pensar que esto ha pasado en febrero y aún me deja la posibilidad de ir al Mundial de Doha. Sin embargo, si llega a pasar en abril o mayo....

Podría haber sido peor, efectivamente.
Bueno, en mi caso es difícil. Operarse un año de un Aquiles y al año siguiente del otro... Yo creo que esto no le ha pasado a nadie en el mundo. Pero no voy a martirizarme. Prefiero pensar que Dios le entrega las batallas más difíciles a sus guerreros más capaces. Yo no sé si soy uno de ellos, pero si voy a intentar serlo. Es más, pienso que una cosa así no le puede pasar a alguien que no pueda salir de esto. Dios no es malo.

Está usted muy trascendental. ¿Las lesiones tienen la culpa, le han cambiado la personalidad?
No. La personalidad no cambia. Son las situaciones las que te cambian. Pero por duras que sean las lesiones, si haces lo que tienes que hacer y como yo lo estoy haciendo... Los médicos me dicen, 'vamos bien' y yo me encuentro bien. He empezado a mover el cuerpo en el gimnasio, a hacer bicicleta, trabajo de core... Pero lo que no sé es si luego el destino me permitirá llegar a tiempo. Los plazos no te los puede garantizar nadie. Ni siquiera los médicos.

Esa es la incertidumbre del atleta lesionado.
Sí, por eso me ha extrañado que quisiera hablar conmigo. Ahora, no tengo nada que decir más que voy bien o que estoy empezando a apoyar…, pero más allá de eso voy con muletas a todas partes.

Del atleta lesionado siempre se aprende: la derrota es más humana.
Humanamente, sí, claro, pero deportivamente...Acabo de empezar la rehabilitación. Salí de la cama hace una semana y media después de 21 días. Ahora mismo, tengo el pie muerto. Solo me queda rezar para que todo pase bien y para que, al final, pase todo lo que ahora mismo solo puedo imaginar. Pero, claro, es la incertidumbre que antes usted decía.

¿Uno se acostumbra a luchar frente a la adversidad?
En mi caso, sí. Ha tenido que ser así porque desde muy chico me ha tocado luchar el doble que a los demás. De niño corría más que ninguno y, sin embargo, el profesor de atletismo no me quería porque era muy bajito. Hasta los 15 años no di el estirón. Luego, cuando me ofrecieron ir a la escuela de tecnificación mi familia se negó porque quedaba en un municipio a 70 kilómetros, y esa distancia que en España no es nada, porque vas en una tarde, en Cuba es muchísimo... Y no pude ir, claro.

De todas las penas se aprende.
Bueno, es lo que le decía antes, es que mi vida es así. Ha sido así. De hecho, cuando llegué a España volvió a pasar. Estuve ocho años viviendo en la clandestinidad, sin DNI siquiera, hasta que conseguí la nacionalidad. Y durante ese tiempo le puedo decir que en 2014 terminé segundo en el ranking mundial de los 60 metros planos... Pero si no llega a ser por lo que ganaba en los mitines o por lo que me daba el club… Sé que no era normal, pero...

Es usted un superviviente.
No lo sé. Sólo sé que no me canso de intentarlo. Nadie puede cansarse de vivir. El día que uno se cansa de acaba todo. Solo te queda abrir la puerta del balcón y tirarte y el golpe en mi caso estaría garantizado porque vivo en un tercer piso (risas). Pero no sé preocupe por mí: no voy a cansarme, no voy a tirarme por la ventana. No me siento tan maltratado. Mi lesión tiene un plazo. Hay otras lesiones, sin embargo, que no tienen plazo y que no se acaban nunca, y eso es más frustrante. Por eso digo que lo que me pasa a mí es malo pero no definitivo. Si fuese definitivo no estaríamos hablando.

Tiene 34 años. ¿Es el momento de volver a empezar?
Siempre se puede empezar de nuevo. Pero yo no tengo que volver a empezar nada. Solo tengo que continuarlo.

¿Qué tiene que continuar?
Es evidente. Llevo 25 años de carrera deportiva y esto no se ha acabado. A mí, pase lo que pase, no se me va a olvidar correr. Sé lo que debo hacer para estar rápido, sé lo que debo hacer para estar potente... Me conozco, tengo suficiente experiencia, y sé que puedo lograrlo.

¿No tiene miedo a la edad?
Para nada, para nada. A los 32 años, hice marca en los 100 metros y con 33 años todos los parámetros estaban a mí favor para seguir mejorando. Mi edad no es determinante. He sabido esperar mi momento. Hasta los 25 años yo corría 400. No sabía correr 100 metros y ahí sí tuve que aprender porque esta carrera, en la que se trata de robar centésimas al cronometro, se resuelve por detalles...

¿Y lo aprendió?
Y lo aprendí, efectivamente. Y ahora me siento intacto física y mentalmente. Y no hace falta que le pida a Dios que me quite cinco o seis años. Solo le pido que me deje intentarlo otros tres o cuatro años...

¿A los 40 años podría ser campeón olímpico?
No creo que a los 40... Pero quién sabe... En cualquier caso, mis JJOO han de ser los de Tokio. Aún me siento con fuerza y a partir de ahí vendrá el futuro y ya veremos lo que pasa. Creo que el futuro está de mi parte, para qué le voy a engañar. Pero tampoco me ofrezco a pensar a tantos años vista. Conmigo no vende eso. Sólo sé que me queda mucho por hacer.

Es usted un paciente ejemplar.
Todos los que saben lo que quieren son buenos pacientes. Yo soy uno de ellos. Por eso dedico mi energía a ello y créame que la necesito. Tengo más trabajo que cuando estaba entrenando normal. El único rato libre que me queda al día es para echarme la siesta. Así que ya se puede imaginar la vida que llevo. Pero no importa. Prefiero estar así a cuando estaba en la cama todo el día y me vi todas las series: 'La casa de papel', 'Dinastia', 'El tirador'..., qué sé yo...

¿Qué queda de su infancia?
Todo. Me acompaña a todas partes. Cuando tenía once años mi padre falleció. Mi hermano mayor tuvo que empezar a trabajar a los 17 a trabajar la cerámica con mi madre porque lo necesitábamos... Y, sin embargo, yo no he tenido que trabajar en la vida. He podido dedicarme a lo que me gusta, a algo que para la mayoría de los ciudadanos es un hobby. Por lo tanto, si he sido un privilegiado, tengo que demostrarlo. No me puedo dejar vencer en las horas bajas. Mi padre, por lo que me han contado de él, no se hubiese dejado. Él estudió cultura física y no pudo dedicarse a eso..., tuvo que ganarse la vida trabajando en un taller, y eso es duro...

La vida es dura, sí.
No podemos engañarnos. Así es y así hay que aceptarlo. Pero tenemos que ir a por lo que queremos. Yo vine a España con esa idea, dejé a mi hijo con dos años y desde entonces solo le he vuelto a ver una vez, porque en estos nueve años solo he vuelto una vez a Cuba. Y, aunque nos vemos por Skype, es duro, pero si yo estoy aquí es por él. Y no puedo dejar que una lesión me derrote o me diga, 'hasta aquí hemos llegado'. Eso lo diré el día que vea que ya no pueda más. Pero lo intuyo lejos. Necesito pensar que el futuro está de mi parte y demostrar que las lesiones ya no derrotan a los atletas.

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