Real Federación Española de Atletismo
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 martes, 26 de marzo de 2019   ENTREVISTA WEB 20/2019
El desafío de Julia empieza con esa declaración suya que nos hace felices:
Julia Vaquero: los ángeles están de regreso

Por : Alfredo Varona


Hoy, al lado del mar Atlántico, la vida va a dejar de ser un ring de boxeo. No importa que haga temporal en Galicia, que tiemblen las ventanas, los contenedores, hasta los cristales. No importa porque hoy, en La Guardia, en la desembocadura del río Miño, Julia Vaquero (1970) volverá a arrancar cada latido de nuestro corazón. Será como en los buenos tiempos cuando Gregorio Parra ponía voz en televisión a sus hazañas en la pista. De hecho, Julia aún mantiene contacto con Gregorio Parra, que vive en Barcelona y que en los peores momentos "nunca se ha olvidado de llamarme o de escribirme un mensaje de aliento". Quizás porque la memoria es un servicio al pasado o quizás porque siempre será imposible olvidar a Julia Vaquero. Por eso hoy es tan difícil no decirla 'te quiero', no decirla, 'estamos contigo' o no agradecerla que nos hiciese mejores: Gregorio Parra el primero.

Pero hoy es hoy en La Guardia, en la casa de su madre, donde vive Julia, la gran Julia, la que ayer pesaba en estado de forma 49 kilos y hoy anda por los 60. La misma que esta tarde suprimirá los malos ratos. Es más, entre los dos nos convenceremos de que no necesariamente cualquier tiempo pasado fue mejor. Quizás por eso la escucharé decir, "he vuelto a confiar en mí". También la escucharé aplaudir a sus sueños, "¿cómo no voy a soñar?" y, además, la escucharé hablar de su hija Julia, "una adolescente que estudia cuarto de la ESO" a la que, a diferencia de la madre, nunca le dio por correr, sino por bailar. "Pero lo importante es que es muy buena estudiante. Aún no ha decidido lo que quiere estudiar, pero tengo la sensación de que podrá ser lo que quiera", agrega ella, madre orgullosa, como todas las madres que uno conoce. "Las alegrías de los hijos valen más que las propias", insiste Julia ahora, a los 48 años, quién lo iba a decir cuando escuchábamos anunciar su nombre por megafonía. Cuando la veíamos correr de esa manera tan particular e insistíamos que ella no era una más, imposible. Tenía algo Julia Vaquero que traicionaba a lo imposible.

Hoy, sin embargo, sí quisiera ser una más, "¿sabe usted lo que daría por ser una más?" Es más, hace lo posible por ser una más en La Guardia. De hecho, colabora con el club de atletismo "y no se me caen los anillos por poner conos, por cargar las vallas" y, sobre todo, por explicar a los jóvenes que le dan las gracias por existir: "Correr es importante, pero formarse para el día de mañana es más importante". Y lo dice ella, que fue una atleta importante. Es más, llegó a ser la reina, domiciliada ahora en un recuerdo valiente, como ella misma pronosticaba en su infancia. "Me crié entre vacas y entre animales. Quizá por eso siempre extrapolé mi infancia al atletismo, porque en mi infancia daba igual que diluviase o nevase. Tenías que ir al campo e ibas, porque el campo era nuestro medio de vida". De ahí que el día que se hizo atleta tal vez jugaba con ventaja. Tenía una cabeza monumental que no le impidió prepararse durante años, mientras estudiaba INEF en A Coruña, en un camino de ida y vuelta de 500 metros junto a la playa de Bastiagueiro. Quizá porque ella era así, la misma que en su primer Mundial de media maratón en Ulster, "sin haberlo preparado ni nada", fue sexta. "Nada más llegar a la meta alcé los brazos como si hubiese ganado". Una vez más, la gran Julia Vaquero había vencido en su pelea frente al sufrimiento. "A medida que pasaban los kilómetros, no hacia más que recordar mi infancia, que era como mi manera de evadirme del sufrimiento, de demostrar que sufriendo se pueden hacer grandes cosas".

En realidad, Julia Vaquero fue una marca registrada en aquellos años noventa. Hay tanto que contar como aquella vez que batió el récord de España de 5.000 en los Bislett Games de Oslo con 14'44"95. Pero sobre todo la fuerza con la que decía 'no' a nada y con la que superó la frustración de los JJOO de Barcelona 92. Aquella maldita gastroenteritis que le impidió ir y que le hizo imaginar que "yo dejo esto". Pero no lo dejó y ahí la tuvimos tantas veces, en plena guerra por ser la mejor. Nos prestó entonces emociones únicas. Nos demostró que la cabeza puede ganar batallas que creíamos perdidas. Quizá la más impactante fue en el Mundial de Sevilla 99, "donde todo el mundo esperaba a Fermín Cacho y aparecí yo, que fui la sexta. Entonces me resarcí de Atlanta donde se montaron tantas expectativas a mi entorno. Acababa de batir el récord de España y no supe manejar la presión". Aun así fue novena en Atlanta y nos dio derecho a emocionarnos otra vez, una más. "Cuando llegué a la meta tuvieron que ponerme suero".

Porque así era Julia Vaquero, la Julia que no tenía miedo al miedo escénico de las grandes competiciones en las "miraba hacia arriba y me costaba entenderlo. El estadio con las gradas repletas se hacía muy grande, porque nosotros, los atletas, estábamos acostumbrados a competir con tan poca gente…" Pero la magia era la de estar ahí ella, la hija de un hombre "que era un portento jugando al fútbol. Tenía un corazón, tenía unos cuádriceps que solo verlos te daba miedo. Y, sin embargo, fumaba como un carretero", explica hoy , pacifica, serena, majestuosa quizá. No hace falta convencerla de que "mañana saldrá el sol", porque ella misma te lo dice. Y esa es la Julia que uno quiere escuchar, "la que preferiría pasar inadvertida", como reconoce ella misma, "pero es imposible que pase inadvertida". En su pueblo hay una calle que lleva su nombre y un océano que le presta su ayuda. Quizá porque el mar es sabio. Hasta en los días más duros del invierno en La Guardia, donde Julia Vaquero no pregunta la hora. Sólo desafía al futuro y me parece que nosotros lo hacemos con ella.

"Ahora, me ha dado por hacer marcha y me gusta. Estoy empezando pero veo que me gusta y quién sabe, en verano es el Gran Premio de los Cantones en Coruña", agrega ella misma como si volviese a encender la luz, a destruir esa enfermedad psicológica que le ha marcado estos años y de la que hoy nos prometimos que no íbamos a hablar. El futuro es más importante. El futuro es el sitio en el que vamos a pasar el resto de nuestra vida y Julia entonces recuerda que ella está preparada. Sacó la carrera de INEF, tiene el título de entrenador nacional y si alguien puede explicar lo que es la cabeza es ella. "En los años, en los que estudiaba la carrera, me gustaban, sobre todo, las asignaturas de psicología y de sociología porque lo que aprendía me permitía extrapolarlo a mi vida". Quizá por eso está historia llegó tan lejos y no le hubiese importado llegar más lejos. No fue culpa suya. El caso es que, a los 32 años, después de quedarse embarazada, quiso volver al atletismo, "y mira que otras mujeres como Sonia O'Sullivan, Paula Radcliffe… lo lograron, pero yo no, yo ya no pude".

Pero eso ya fue ayer, un territorio donde se almacenan la nostalgia vencida y la juventud perdida. Hoy quizá sea algo más importante: el principio de una hermosa amistad de Julia Vaquero con la vida, como si volviésemos al café de Rick en la película 'Casablanca'. Así se lo imagina uno al escucharla. Y entre los dos recordamos que no hay nada más democrático que recuperar el tiempo y que demostrarle al tiempo lo que una sabe hacer. Así que ahí te dejo, Julia, en La Guardia, donde el ruido del mar siempre nos dará la razón: nada más sano ni más honrado que ese ruido. A su lado, se está mejor que en ningún sitio.



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