Real Federación Española de Atletismo
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 jueves, 07 de marzo de 2019   NOTICIA WEB 47/2019
El salto de Maebashi

Por : Miguel Calvo - Fotos: Sergio Carmona (Maebashi 1999)


En busca de las razones que hacen que algunos instantes queden atrapados para siempre dentro de nosotros, el escritor argentino Ricardo Piglia quiso darnos la verdadera respuesta: "lo más interesante de los recuerdos es la intensidad inolvidable de la imagen que se refleja en la memoria".

Y alrededor de la memoria colectiva del atletismo español reciente, pocas imágenes pueden presumir de una intensidad mayor que el fogonazo de ver a Yago Lamela corriendo por el pasillo de salto del Campeonato del Mundo de pista cubierta de Maebashi a finales del invierno de 1999, justo antes de comenzar su vuelo más infinito.

Aquel 7 de marzo del que se cumplen ahora veinte años, los aficionados españoles apuraban los últimos instantes antes de comenzar un nuevo día pegados al televisor en la soledad de la madrugada de sus salones. El país japonés comenzaba a prepararse para la floración de los cerezos que pronto anunciaría la llegada de la primavera. Y a los pies del Monte Akagi, en pleno corazón de Japón, Yago Lamela se citó con el legendario Iván Pedroso para un inolvidable duelo de aprendices de altos vuelos.

Siempre por delante, nada más comenzar el concurso el cubano Iván Pedroso estableció el punto de partida en 8.46 metros en su primer intento y, aparentemente tan inalcanzable para el resto, se dedicó a seguir buscando un salto imposible, alternando saltos muy cortos o nulos en sus cuatro tentativas siguientes, como si su pelea siempre tuviese lugar en el terreno de las leyendas donde solo tienen cabida nombres como Bob Beamon o Mike Powell.

Por detrás, Yago Lamela arrancó la competición situándose tercero con 8.10 metros. En el segundo intento hizo un nulo y en el tercer salto comenzó su espectacular concurso con una marca de 8.29 metros que le colocó segundo en la clasificación y que supuso un nuevo récord de España, rodeado de los gritos frente a las televisiones de aquellos románticos insomnes que comenzaron a despertar a los hogares españoles.

Todavía más lejos, en el cuarto intento Yago llevó la plusmarca nacional hasta 8.42 metros, a solo seis centímetros de un Pedroso que parecía seguir tranquilo en la distancia. Y como si solo fuera una pausa para coger aire, en el quinto salto el español volvió a irse a 8.26 metros, con el saltador cubano sin terminar de reaccionar. En su último salto, Yago Lamela pidió palmas para intentar encontrar todas las fuerzas posibles, miró al horizonte y salió disparado por el pasillo de salto. Rápidamente abandonó el foso de arena sabiendo que había llegado muy lejos, pidió calma y el marcador señaló la nueva frontera que acababa de establecer: 8.56 metros, récord de Europa superando la antigua marca de Robert Emmiyan y colocándose primero en la clasificación provisional a la espera del último intento de Iván Pedroso.

"Antes de la competición sabía que podía llegar hasta los 8.40 metros y cuando caí en la arena supe que había llegado muy lejos, pero aun así aluciné cuando vi en los marcadores la medición de aquel salto, como si no hubiese sido mío. Era mi primer campeonato del mundo absoluto con todos los americanos y los caribeños, y aquello parecía un sueño", recordaba el propio Yago Lamela, quien aseguraba que aquel salto fue sobre todo de batida, sintiéndose en aquel momento muy fuerte, pero no tan rápido como otras veces, por lo que intentó tirar de todo lo que había en su interior y curiosamente hizo un salto con mucho más ángulo de lo que era habitual en él, acostumbrado a vuelos más rápidos y rasantes.

Tras la locura que se desató con el salto de Yago, mientras que todos los aficionados españoles se frotaban los ojos sin llegar a creerse lo que estaban viendo, Pedroso se dirigió a su nueva cita con la historia del atletismo, dejó de inventar imposibles y, tras concentrarse en ajustar lo mejor posible, voló hasta 8.62 metros, asegurándose en el último momento una medalla de oro que por unos minutos pareció que se le podía escapar y relegando al saltador asturiano a la medalla de plata en el último instante.

En ese último intento, tenía claro que como Pedroso no hiciese un nulo no había nada que hacer - recordaba Yago Lamela -. Había saltado 8.46 metros en su primer salto y desde entonces se había echado a dormir, esperando a ver qué salía. Así que cuando vimos su registro en los marcadores, solo me quedó reír, sabiendo que había apretado hasta el final a todo un mito y valorando hasta dÓnde había sido capaz de llegar ese día".

¿Qué queda de todos aquellos instantes que nos hicieron soñar?, nos preguntamos todavía emocionados veinte años después mientras que nos abrazamos a la nostalgia en cada aniversario.

Y como los viejos recuerdos que nos siguen asaltando cada cierto tiempo, tal y como dijo el escritor Ricardo Piglia seguimos encontrando la respuesta en la intensidad de las imágenes a las que siempre podremos regresar una y otra vez para recordar a uno de los atletas más talentosos de la historia del atletismo español.

Un niño saltando sobre la arena de la playa.

Un póster de Carl Lewis en la pared de un dormitorio.

Aquel salto en Maebashi que siempre nos seguirá recordando que volar es posible. El estadio de la Cartuja de Sevilla abarrotado en plena ebullición durante otra mágica noche de agosto que llegó después con el verano.

Y aquella mañana antes de viajar a Japón en la que Yago Lamela pidió a su entrenador Juanjo Azpeitia un último consejo mientras que paseaban por su pista de entrenamiento bajo un sol cegador, extraño para aquellas fechas de finales de invierno en Asturias: "¿Ves ese sol, Yago? Sólo tienes que saltar; intentar saltar como si fueras alcanzarlo. No pierdas la estela de Pedroso y aprovecha la oportunidad. Salta y demuestra quién eres y lo que vales".




 

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Yago Lamela
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