Real Federación Española de Atletismo
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 lunes, 11 de febrero de 2019   ENTREVISTA WEB 1/2019
Valentín Massana: "El atletismo me enseñó a trabajar lo impensable"

Por : Alfredo Varona


Hoy, trabaja de físico en un laboratorio de imanes, marcado por las enseñanzas del atleta de ayer. "Josep Marín siempre decía que, en cuanto bajas del podio, vuelves a empezar, dejas de ser campeón del mundo".

Quizá el secreto de toda esta historia viaja en esa palabra: mucho. Una palabra que no se olvida de lo vivido, inseparable de la biografía de Valentín Massana (Viladecans, 1970). "Yo ponía el adverbio 'mucho' a todo", memoriza hoy, reconvertido en un hombre de 48 años, padre de dos hijos y físico en un laboratorio de medidas magnéticas, donde trabaja con imanes. A su lado, recuerda que, al final, todo se puede lograr. La prueba es él, que fue "muy mal estudiante". "Llegué a repetir cursos en Bachillerato y ahora soy doctor en física", añade un hombre como él, que nunca dio cancha al miedo. "Me parece una palabra prescindible que no nos hace ninguna falta". De ahí que su carrera sea un alegato a la ambición en la que no le importaba sufrir. "Al contrario", replica. "Necesitaba sufrir para encontrar lo que buscaba. Quizás como consecuencia de todas esas veces que me miraba al espejo y me veía subido en el podio. Hasta allí sólo podías llegar sufriendo".

También recuerda que en aquella época, en la que fue campeón del mundo en Sttutgart 93 y plata olímpica en Atlanta 96, llegó "a tener sueños surrealistas en los que solo aparecía yo, yo y yo. Y me preocupaba. Y me hacía preguntarme a mí mismo si no estaría volviéndome loco. Pero luego cuando iba y se lo contaba a Josep Marín, mi entrenador, y me decía que en su época a él le pasaba lo mismo..., me tranquilizaba totalmente. Los nervios se me quitaban de golpe", memoriza hoy en una maravillosa declaración de intenciones de lo que significa ser atleta de élite. "Los atletas somos egocéntricos, pero yo no creo que sea por una cuestión de egoísmo, sino porque nos apasiona lo que hacemos. No se trata de un trabajo, sino de una vocación que es la que te transmite la necesidad de estar entre los mejores".

"No sé si yo dominaba a la agonía o la agonía me dominaba a mí. Pero no me importaba que la agonía pasase a mi lado, porque me preparaba para ella", explica hoy, tantos años después de ser campeón del mundo en Sttutgart. "Pero siempre he intentado no anclarme en el pasado. Por eso no tengo en casa apenas fotografías de mi época. De hecho, sí por mí fuera, mis hijos no sabrían ni que fui medallista olímpico. A la larga, es una rémora. Pero siempre hay gente que lo recuerda. Máxime porque tengo una hija de 18 años que hace marcha y que, por cierto, hoy se examina del carnet de conducir". Una prueba veraz de como pasa el tiempo. "Pero es que no tengo más que verme a mí", replica Massana con una diferencia de siete u ocho kilos respecto a su época de atleta. "Hace nada estaba compitiendo por el mundo en pantalón corto y ahora estoy metido en un laboratorio".

Pero eso es el tiempo, una manera evidente de hacernos mayores. "Me retiré a finales de 2002 porque no podía entrenar bien. Tenía el síndrome de isquiotibiales y no veía salida. Así que, antes de arrastrarme, decidí dejarlo con dignidad". Quizás porque los finales también existen e, incluso, le recuerdan a uno que "la gente es como es. Mira que luego hice cosas, pero la gente me sigue recordando por los JJOO de Barcelona 92 cuando me descalificaron". Y no se trata de que Massana renuncie a ese recuerdo, "porque, al final, fue una lección" que le valió para siempre. "No llegué bien. Había estado lesionado. Sacrifiqué técnica por velocidad y eso en la marcha casi nunca sale bien. Pero, claro, en ese momento no lo sabía, porque nadie nace aprendido".

El caso es aprender de la vida, admitir que "las experiencias del atletismo no las voy a tener en ninguna otra profesión, entre otras razones porque el atletismo te refleja lo que significa ser campeón del mundo. Siempre recordaré lo que me decía Josep Marín. Me explicaba que uno dejaba de ser campeón cuando dejaba de sonar el himno. Una vez que bajabas del podio, volvías a empezar, y esa idea se me quedó grabada", añade el físico de hoy, que es una prolongación del atleta de ayer. "Soy un hombre que ha intentado reinventarse, poner un objetivo a cada etapa de mi vida, porque es lo que luego te va a marcar. Y la vida es dura. La vida te exige continuamente tomar decisiones complejas y yo creo que he sabido aceptarlas rápido, como si fuesen sota, caballo y rey".

Hijo de un hombre, que trabajaba en una compañía de aguas, Massana es "el menor de tres hermanos que no tenían ninguna relación con el atletismo. Pero tuve la suerte de nacer en Viladecans, que es como la Meca de la marcha. Por eso me resultó tan fácil fidelizarme con ella. Es más, yo recuerdo entonces de escuchar a dos niños, que jugaban en la calle, preguntarse: '¿hacemos velocidad o hacemos marcha?'" De ahí que, a los 48 años, Massana siga hablando con locura de la marcha, incapaz de desprenderse del recuerdo de Marcos Flores "que al cabo del año probaba a 100, a 200 niños. De ahí había años que sacaba uno o ninguno. Pero él no necesitaba vídeos a cámara lenta ni herramientas biomecánicas para saber quién vale y quién no". Hoy, Massana no sabe si es como él.

"Pero sí sé que cultivo el arte de complicarme la vida", insiste como entrenador de trece marchadores, entre los que está Mar Juárez, finalista en los 50 kilómetros del Europeo de Berlín. "Pero es que una de las razones de que mis hijos hagan atletismo, el chico jabalina y la chica marcha, es porque cuando eran niños yo me tiraba todos los días en el club de atletismo hasta las nueve de la noche. La única manera de verlos era que estuvieran allí. Y logré convencerles. Y el resultado es que acabó gustándoles el atletismo".

“Así que, ya lo ve, no puede uno estar más agradecido a este deporte que, entre otras cosas, me demostró que siempre se puede trabajar más”, explica hoy. “Es más, siempre creí que yo trabajaba lo impensable. Sin contar el calentamiento, llegué a hacer dos semanas seguidas 220 kilómetros semanales en 1999. Pero luego cuando hablaba con Josep Marín y me contaba que él superaba los 300 se me acababa el mito de que yo trabajaba tanto”. De ahí que Massana sea una enseñanza, por encima de todo. Una historia que va más allá del personaje. Un ajuste de cuentas entre las dos cosas que nos devuelve el recuerdo de una generación en la que lo imposible nunca estaba en casa. Quizá por eso Valentín Massana sigue siendo inseparable de ese adverbio que lo permitió todo: ‘mucho’. A su lado, entendió que nadie nace vencedor ni vencido. Crió un sueño que llegó hasta el podio de unos JJOO y una manera de ser que hoy nos abre los ojos. “Si querías ser listo te lo tenías que trabajar”, dijo siendo bien jovencito y todavía se lo dije hoy a sus hijos, a sus atletas, a la vida.

Si querías ser listo te lo tenías que trabajar. -resume hoy.

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Historial Deportivo de Valentín Massana
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Proclamándose campeón del mundo en el Mundial de Stuttgart 1993
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En 1996 le llegó la medalla olímpica en Atlanta
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En 1994 en Ourense batiendo el récord de España de 50km marcha
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Junto a su pupila Mar Juárez en el Europeo de Berlín 2018
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