Real Federación Española de Atletismo
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 jueves, 28 de junio de 2018   ENTREVISTA WEB 28/2018
Nueva Zelanda, la gran aventura que la plusmarquista española inició tras Río 2016
El viaje a las antípodas de Sabina Asenjo

Por : Miguel Calvo


Soy la tierra,
el vientre de la vida y de la muerte.
Ruamoko, el dios sin nacer,
retumba dentro de mi
y las llamas del Ruapehu aún viven.

Apirana Taylor, poeta maorí.




Más allá de la costa oriental de Australia y el mar de Tasmania, prácticamente en el fin del mundo, Nueva Zelanda es silencio.

Un silencio que emana desde lo más profundo de sus impresionantes paisajes donde todo es naturaleza, inmensidad y la soledad de cientos de kilómetros deshabitados en medio del Pacífico Sur, tan aislados geográficamente que sus vecinos más cercanos provienen de lugares tan lejanos en nuestra imaginación como Nueva Caledonia, Fiyi o Tonga y donde todavía puede sentirse muy cercano el rumor de las antiguas leyendas maoríes.

Como el viejo relato según el cual, Maui, un semidiós de la mitología polinesia famoso por haber sido capaz de atrapar el sol y domesticar el fuego, se escondió en la barca de sus hermanos cuando estos pensaban excluirlo de un viaje de pesca. Lejos de la costa, el improvisado polizón salió de su escondite y con su anzuelo mágico hizo emerger desde las profundidades la isla norte de Nueva Zelanda, a la que todavía se le conoce como Te Ika a Maui, el pez de Maui.

Después de los Juegos Olímpicos de Río 2016, detrás del trabajo de su marido, Sabina Asenjo (Ponferrada, 03.08.1986) decidió que era el momento de cambiar de vida, de abandonar León y viajar en busca de aquel lejano silencio de Nueva Zelanda para perderse entre los paisajes y los campos de la misma isla norte de Maui.

"Vivimos en la pequeña ciudad de Masterton, cerca de Wellington, pero en una zona que está muy aislada - nos cuenta la plusmarquista española de disco que desde el mes de abril hasta septiembre regresa a España para poder afrontar la época de competiciones -. Es exactamente lo que buscábamos: una ciudad pequeña dentro de un país con apenas cuatro millones de habitantes, pero donde la gente es muy abierta y la vida continúa al ritmo al que se vivía antes en los pueblos, impensable en nuestras ciudades".

Y detrás de la nueva aventura, todo un cambio de filosofía como bandera.

"Antes de Río la forma que tenía de ver el deporte y la vida terminó convirtiéndose en algo demasiado visceral - continúa relatando la lanzadora leonesa -. Tenía un objetivo en mente que era ser olímpica y pasaba las 24 horas del día pensando en eso. Vivía, comía y dormía para entrenar y realmente no sé qué me hubiera pasado si no lo hubiera conseguido. Pero una vez que cumples tu sueño te quedas vacía, como con falta de ambición después de tantos años de tu vida dedicados a ello. Y digamos que necesitaba un nuevo reto para seguir entrenando, algo que me llamase la atención para seguir en esto y creo que lo que me ayudó fue verlo de otra manera, cambiar la perspectiva y aprender a disfrutar que es algo que, a pesar de todo lo conseguido, cuando estás metida en tu mundo eres incapaz de verlo".

"Me encanta ir a entrenar, lanzar, hacer una técnica y ver volar el disco muy lejos. Haciendo eso soy feliz. Así que he intentado verlo desde ese punto: ¿qué me hace feliz? Esto. Pues busca estar a gusto haciéndolo. Antes siempre quería ir más lejos. Siempre más. Y no me paraba a pensar: ya lo tienes, ahora disfrútalo. El viajar a un sitio como Nueva Zelanda, desconectar de la alta competición, olvidar un poco el alto rendimiento, estar yo sola conmigo misma, disfrutar de cada entrenamiento, llegar a casa con mi marido y que hablemos de todo menos de atletismo me ha ayudado mucho a salir de ese ambiente, a aprender a desdramatizar y a pensar que ya he conseguido todo lo que me había propuesto en este deporte y que ahora toca continuar, pero siempre disfrutando".

Tal y como reconoce la propia lanzadora, el cambio no fue fácil y el primer año fue complicado psicológicamente con una nueva vida radicalmente distinta y demasiada soledad debido a que su marido siempre estaba de viaje. Pero en este segundo año todo ha cambiado, mucho más hecha al nuevo hogar y ya con su marido trabajando a cincuenta metros de casa.

Tanto que, perdida entre las rutinas de cada día, la lanzadora ya disfruta plenamente de su día a día que transcurre entre las tareas de casa, tres horas de entrenamiento en el gimnasio por la mañana, comida, descanso y la tarde entrenando en las pistas de atletismo con sus sesiones de técnica, velocidad y vallas, acompañada por el entrenador Mark Harris, quien le ha abierto todas las puertas necesarias, y rodeada por los miembros del club de atletismo de Wairarapa y los vecinos de Masterton, maravillados con tener una olímpica en su pequeña ciudad.

"Está siendo una experiencia preciosa - continúa describiéndonos la única mujer española que ha superado los sesenta y un metros -. Este año he competido en el campeonato nacional y el ambiente es increíble. Les encanta el atletismo, les encantan los lanzamientos y es un poco la antítesis de lo que ocurre aquí, donde sales de nuestro mundo y la gente ni siquiera sabe lo que es el lanzamiento de disco. En cambio allí hay un gran reconocimiento por la gente que hace deporte, más si encima has ido a unos Juegos Olímpicos, lo que al principio te choca muchísimo".

"En Nueva Zelanda apoyan muchísimo a la gente que se esfuerza y más en el deporte, hasta el punto que es una parte fundamental de su cultura, parte diaria de su vida. El rugby y los All Blacks son lo máximo, pero no lo llevan nunca al fanatismo y valoran muchísimo cada deporte (remo, atletismo, ciclismo en pista…). Todos los niños juegan al rugby, pero aparte practican y conocen un montón de disciplinas" continua maravillada la lanzadora española que recuerda cómo un país con tan solo cuatro millones de habitantes consiguió las mismas medallas que España en los pasados Juegos Olímpicos y donde pone como ejemplo la cobertura televisiva que se hace desde los canales públicos de todos los deportes, con la espectacular promoción y difusión que han hecho de los reciente Juegos de la Commonwealth como paradigma.

"Además, entienden el deporte como una forma de vida fundamental para la educación y el desarrollo de los chavales, con las competiciones deportivas en el centro de la vida escolar, siempre enfocadas al rendimiento y a la cultura deportiva" termina de contarnos mientras nos describe cómo ha tenido ya la oportunidad de participar en varias charlas en colegios, a pesar de no tener todavía la suficiente confianza en su inglés, y cómo, más allá de las propias charlas todos los niños se le acercan a diario para saber más de ella y de sus propios entrenamientos.

Más allá de la experiencia personal, los resultados de Sabina Asenjo no se han hecho esperar, mezcla de madurez y felicidad.

Tal y como describe ella misma, 2017 fue un gran año desde el plano de vista atlético, con su mejor clasificación en un Campeonato del Mundo y su tercera mejor marca de siempre (61,07 metros). Y 2018 espera ya en el calendario con los Juegos de Mediterráneo de Tarragona que tanta ilusión le hacen para quitarse la espinita de la lesión que no le dejó competir en la pasada edición de Mersin y con el europeo de Berlín como gran objetivo, donde aspira a colarse en la final como en Amsterdam 2016.

Todo ello tras haber tenido que dejar de entrenar con Carlos Burón "al no poder darle con este cambio de vida todo el compromiso que se merecía" y haber comenzado a entrenar con Manolo Martínez, de una forma mucho más sensorial y siempre con el objetivo de relajarse y disfrutar cada segundo que le quede como atleta profesional, tal y como comparte con su amiga y compañera Úrsula Ruiz, con quienes forma un maravilloso trío de plusmarquistas nacionales.

Como si de una guía de viajes en torno a El señor de los anillos se tratase, a medida que seguimos escuchando a Sabina Asenjo continuamos viajando a los maravillosos lugares perdidos en la lejanía de su nuevo hogar. A la fantástica isla sur de Nueva Zelanda que todavía le queda por visitar en profundidad y a sus principales recomendaciones para un viaje a la isla norte, como el espectacular parque volcánico de la zona de Taupo, el impresionante Monte Taranaki y la zona salvaje de Wairarapa donde vive, prácticamente deshabitada y donde las carreteras olvidadas conducen siempre a la costa, a faros perdidos en el mapa, colonias de focas y vistas infinitas, como las que se pueden disfrutar en el cabo Palliser.

Y con su vida convertida en un verano perpetuo, medio año en el hemisferio sur y medio año en el hemisferio norte siempre en busca del sol bajo el que gira y vuela su disco, la lanzadora española nos continúa haciéndonos sentir dentro de un cuento mientras nos describe su especialidad, "tan artística que cuando se lanza bien, cuando se lanza suelto, es una especie de baile, de danza, y tiene todos los ingredientes necesarios para poder definirlo como arte. Ya los antiguos griegos practicaban este deporte y tenemos una obra de arte como el discóbolo de Mirón que ha perdurado en el tiempo desde hace miles de años".

"En Nueva Zelanda hay una enorme tradición de grandes lanzadores, como Tom Walsh, que ahora mismo es la referencia mundial, Valerie Adams o discóbolas campeonas del mundo como Beatrice Faumuina o Dani Samuels - continúa la siete veces campeona de España al aire libre -. La razón es que les encanta el deporte y lanzar cosas, ser fuertes. Y eso lo ves en el día a día. Llevan una vida rural que ayuda muchísimo, siempre trabajando, siempre con las ovejas, y son muy fuertes porque, además de su genética, es algo que desarrollan en su vida cotidiana, como los leñadores enormes que ves cada día. Tanto el rugby como los lanzamientos se nutren de lo mismo: ser muy fuertes, muy rápidos y muy ágiles, y es normal la pasión y el intercambio que hay allí entre los dos deportes".

"Me paso la vida girando; y he girado tanto que me he ido al otro lado del globo", confiesa la atleta leonesa cuando le preguntamos por su futuro, consciente de que la vida del lanzador, siempre dentro del círculo, es mucho más que una metáfora y sabedora de que su horizonte está en las antípodas, donde se ve rehaciendo por completo su vida cuando deje la alta competición y pueda instalarse allí durante todo el año, siempre vinculada al deporte que tanto ama y que tanto se valora en su nuevo hogar.

Mientras, rodeada del silencio neozelandés y las viejas leyendas maoríes, en pleno centro de la isla norte se encuentra la meseta volcánica presidida por el lago Taupo donde se eleva el volcán Ruapehu, todavía activo según recuerda el poeta maorí Apirana Taylor, como si del corazón de estas tierras siempre en ebullición se tratase.

Buen lugar para recordar junto a Sabina Asenjo que, mientras vemos volar el disco y disfrutamos cada verano como si fuera el último, los fuegos más intensos son los que siguen latiendo en nuestro interior y que quizás la clave siempre es "aprender a disfrutar mucho más de cada instante".

Enlaces relacionados:

Historial Deportivo de Sabina Asenjo
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Compitiendo en el Campeonato Nacional de Nueva Zelanda en marzo pasado
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Ene stas dos fotos, en su participación olímpica en Río de Janeiro 2016
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El pasado año en el Campeonato de Europa por equipos de Lille
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En la fornada final de La Liga Atletismo 2018
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En el Europeo de Amsterdam 2016
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En el centro, junto a su entrenador Manuel Martínez y compañera y amiga Úrsula Ruiz
En el centro, junto a su entrenador Manuel Martínez y compañera y amiga Úrsula Ruiz







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