Real Federación Española de Atletismo
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 martes, 19 de junio de 2018   NOTICIA WEB 221/2018
Otros como Josefina Salgado, María Coro Fuentes o Belén Azpeitia, protagonistas de las primeras ediciones
Los mejores momentos de España en los Campeonatos de Europa (IV): Las primeras participaciones españolas. Quienes lo cambiaron todo

Por : Chema Barberarena


Para comprender el devenir de un deporte, es siempre preciso acudir a sus pioneras y pioneros. Aquellos momentos en los que todo cambia, todo se recrudece y, a la par, se cruza un nuevo horizonte de sabiduría, experiencia y valor. Sería imposible relatar lo que ha representado el atletismo español a lo largo de los años sin conocer, entender y saborear quiénes fueron aquellos y aquellas que lo cambiaron todo.

Un jueves, 24 de agosto, bajo la neblina estival y el aire descargado de la mañana flotando en el sobrecogedor Stade du Heysel de Bruselas, José Luis Torres Victoria (11 de noviembre de 1925, Madrid) afrontaba su duodécimo concurso del año 1950. El por aquel entonces presidente de la Real Federación Española de Atletismo, el militar villaduqueño José Carvajal Arrieta, se había dirigido a Torres apenas horas antes de la cita. "Me vino el entonces presidente de la Federación Nacional, y me dijo que había sido seleccionado para ir al Campeonato de Europa, porque había dos plazas subvencionadas por el país organizador", recordaba Torres en el magnífico 'Estrellas de la Pista', programa preparado por Televisión Española como perfecto recorrido por los diferentes Campeonatos de Europa con motivo de la celebración del Europeo de Barcelona, en 2010, que fuera primera cita continental -y única hasta el momento- de la historia en suelo nacional. "Pero… ¡si es pasado mañana!", reconocía, en una mezcla de sincera sorpresa y resignación, Torres Victoria. Aquella sensación de desazón contrastaba con la que había sido un fenomenal desempeño del lanzador madrileño durante el año.

En sus quince competiciones de disco, comenzando en marzo, "Paisa", como siempre ha sido cariñosamente conocido, no saboreó la derrota hasta la octava, en junio, cuando fuera segundo en Montjuïc, en un encuentro frente a Suiza. El 16 de abril, en el Campeonato Nacional Universitario celebrado en el Estadio de la Juventud de Granada, habiéndose asegurado la victoria con 43.96m, solicitó autorización para seguir lanzando, y batió por dos veces su propia plusmarca nacional, que databa del mes de marzo del año anterior (44.84m en las Pistas de la Ciudad Universitaria; su tercer récord de España de disco). Se convertía, con 45.37m primero y 45.60m después, en el primer español en superar la barrera de los cuarenta y cinco metros, registro que soportaría la embestida en las listas durante un lapso de más de cinco años. Tras la revelación del presidente Carvajal, Torres acudía a la cuarta edición del Campeonato de Europa, en Bruselas, en unas condiciones complicadas. "No había entrenado nada, claro…". Siempre conviene recordar el grado en el que han cambiado los tiempos. "Recuerdo ver en la pista un peso… y un disco… y probé… Veías fotografías, y cogías información de un lado y de otro… y así conseguías lanzar. Nadie te enseñaba… porque nadie sabía". Otra época, sin duda.

A pesar de que la teórica selección debía ser más amplia, Torres fue el único español que acudió a la capital flamenca para disputar la cuarta edición de los Campeonatos de Europa. Sería la primera ocasión en la que, tras tres ediciones yermas, un atleta nacional compitiera en la máxima cita continental. Pese a la convocatoria previa de otros tres atletas (José Coll para el 5.000m y el 10.000m, Sebastià Junqueras para el 110m vallas y el 400m vallas, y Pedro Martínez para el salto de altura), el único que finalmente viajó fue Torres. El máximo organismo nacional se desentendió de la crítica periodística de la época, propiciando un episodio de cierta polémica en relación con el conflicto abierto tras la única presencia española, en la figura de "Paisa". Jesús Aranaz reflejaba en el Anuario Atlético Español de 1950 el malestar de la prensa por lo que consideraban desprecio y ausencia de ayuda a los atletas. Un guión nada halagüeño, que terminaría desembocando en la destitución de varios altos cargos federativos semanas más tarde, y que se convirtió en funesto presagio para lo que acontecería en Heysel el segundo día de Europeo. Aquel 24 de agosto, con inicio a las diez y media de la mañana, Torres rubricó su peor concurso de disco de los quince que disputaría durante aquel año. 26.53m, 32.99m y 38.92m fueron sus lanzamientos. Fue decimoctavo -y último- en la calificación, único lanzador incapaz de superar los cuarenta metros. La posterior final, el sábado 26, fructificaría con el doblete italiano en manos de Adolfo Consolini y Giuseppe Tosi, el único doblete masculino de aquellos campeonatos.

A pesar de lo que podría catalogarse como una actuación para olvidar, la participación de Torres en Bruselas, lejos de ser anecdótica, propiciaba la inauguración del camino español en los Campeonatos de Europa, convirtiéndose per se en un acontecimiento a recordar por méritos propios. Con una trayectoria brillante como atleta y espléndidamente recordada después como entrenador, Torres fue uno de aquellos precursores cuyo sensacional desempeño transformó por completo el atletismo español, semilla de lo que hoy consideramos la normalidad establecida, pero cuyo camino fue sembrado por el trabajo y la capacidad de recordadas figuras del esplendor del madrileño.

De manera en ocasiones descorazonadora, el camino femenino en el atletismo ve cómo sus pasos no fluyen a la misma velocidad que la de los hombres. Sombrío reflejo de la vida y el deporte en general. Habría que esperar más de 21 años tras el narrado debut nacional en Campeonatos de Europa, con Torres, para que una mujer inaugurara el currículum español en el foro continental.

Martes 10 de agosto de 1971, primer día de los Europeos de Helsinki, décima edición de la historia, y primera de las tres que la capital finlandesa albergaría la competición hasta el día de hoy. Curiosamente, tras veintitrés ediciones disputadas, es Helsinki la única ciudad en la que se ha celebrado el Europeo en tres ocasiones, y Finlandia -hasta que también lo sea Alemania este próximo agosto- el único país en ostentar el mismo honor. Diez ediciones, por tanto, hubo que esperar para que el atletismo femenino español hiciese su debut en un Campeonato de Europa. Con dieciséis atletas participantes, la cifra más alta con la que España había acudido hasta la fecha a una cita continental (siete era la cifra más alta, en Budapest '66), era la primera ocasión en la que el Europeo se disputaba con alternancia bienal, y la última hasta que en 2012 se inició como opción predeterminada para los años pares.

El mencionado martes, primer día de competición, se inauguraban los 400m con cuatro eliminatorias. Y en la tercera, la historia cambiaría para siempre el papel de la mujer en el atletismo español. Josefina Salgado (16 de marzo de 1946, Ourense) se convertía en la primera atleta nacional en competir en un Campeonato de Europa al aire libre. La siempre elegante zancada de Salgado cerró aquella serie, en séptimo lugar, con un discreto 56.3 (56.27 eléctrico), en una prueba cuyo podio fue copado por un triplete alemán: las orientales Helga Seidler e Ingelore Lohse en primer y tercer lugar, y la occidental Inge Bödding en segunda posición, reflejando el descomunal potencial de la pretérita doble república, posteriormente fusionada. La gallega Salgado, que en aquel año 1971 había batido la plusmarca nacional en tres ocasiones, ostentó el inmenso honor de ser la debutante y entrar en la historia, abriendo de par en par el camino para posteriores generaciones, acunadas en la calma y la constancia hasta nuestros días. Su espectacular trayectoria acaparó en global catorce títulos nacionales y veintinueve récords de España absolutos, fue la primera en bajar de 59, 58, 57, 56, 55 y 54 segundos en 400m (manual), y de 2:15 en 800m (2:12.9 en 1968). El nombre de Josefina, fallecida el 4 de junio de 1989, permanecerá por siempre escrito con letras de oro en los libros de historia del atletismo español.

El mismo día, otra ilustre, joven de gran progresión y excelente prestación en aquel momento, María Coro Fuentes (1 de mayo de 1951, Pamplona), disputaba la segunda serie (de cuatro) de los 800m. Fuentes ostentaba en aquel momento la plusmarca nacional de la distancia (2:07.8, en Madrid el 12 de junio), habiendo batido ya a tierna edad -recién cumplidos los 20 años- la friolera de siete récords de España consecutivos de 800m en los dos años anteriores. Tras una salida nula protagonizada por ella misma, se vio relegada a la última posición al primer tirón en la doble vuelta a la pista, concluyendo su participación en sexta y última posición de la serie (2:12.6, especificado en 2:12.58 eléctrico), con un rendimiento que, en aquel momento, fue tildado de decepcionante. Durante su carrera se proclamó en ocho ocasiones campeona nacional, consiguiendo veintisiete récords de España.

Aquel fue el debut español de las mujeres en los Campeonatos de Europa. En la misma cita, pero tres días más tarde, viernes 13, la donostiarra Belén Azpeitia finalizaría séptima de diez participantes en la primera serie de las tres programadas en el 1.500m, redondeando con su récord de España (4:24.0, mejorando el 4:24.2 que ella misma había conseguido en Milán poco más de un mes antes) un triplete debutante que, hoy, luce en la trayectoria de tres atletas que certificaron itinerarios deslumbrantes en el atletismo español.

En resumen, y como rezaba la cita contenida en el primer párrafo de este artículo, resulta casi imposible comprender el devenir de un deporte sin conocer y hurgar en el pasado del mismo. Y en ese pasado, para convertirse en pieza clave del presente y futuro, aquellos pioneros no dejarán jamás de ocupar un hueco primordial. En una época en la que prácticamente a cada paso se desafiaba la gravedad inalterable que suscita la nada, figuras como las de los primeros debutantes, Josefina Salgado, Coro Fuentes y José Luis Torres, o más allá los primeros finalistas -Antonio Amorós en 1958 y Carmen Valero en 1974- y medallistas -Jordi Llopart en 1978 y Mari Cruz Díaz en 1986- representan el aprendizaje, la sabiduría, el talento, la inteligencia, la comprensión y la evolución. En una sociedad, aquella de los años de la posguerra española, anclada en las tinieblas, temerarios campeones desafiaban con sus prestaciones el rumbo marcado por el tiempo. Por ello serán figuras por siempre recordadas, que deben conservar y a buen seguro conservarán su lugar de privilegio en el olimpo del atletismo español.



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José Luis Torres
José Luis Torres

Torres en peso
Torres en peso

Torres en disco
Torres en disco

Josefina Salgado
Josefina Salgado

Coro Fuentes
Coro Fuentes

Belén Azpeitia
Belén Azpeitia







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