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 viernes, 29 de diciembre de 2017   NOTICIA WEB 419/2017
Hablamos con el fundador de la San Silvestre Vallecana Antonio Sabugueiro
Vivir en Nochevieja

Por : Miguel Calvo


Como si de un personaje de novela se tratase, la vida de Antonio Sabugueiro, fundador de la San Silvestre Vallecana, parece haberse quedado detenida en una interminable noche de fin de año y el murmullo de fiesta que precede a las campanadas, justo en el momento en el que cada 31 de diciembre todo parece terminar para volver a empezar con las ilusiones renovadas.

¿Acaso hay un lugar mejor en el que quedarse a vivir? 

En Collado Villalba, a los pies de la sierra de Madrid, lejos del centro de la gran ciudad donde Sabugueiro se empeñó en llevar el atletismo a mediados de los años sesenta, la casa de una de las figuras claves para entender el nacimiento y la explosión de las carreras populares en nuestro país es un auténtico museo de una de las competiciones deportivas más importantes del mundo, a la altura de Sao Paulo o Nueva York, como si allí todos los días fuese Nochevieja. 

En el pasillo de la casa de la familia Sabugueiro, repleta de fotos, recortes de prensa, recuerdos y trofeos con los más altos reconocimientos sociales y deportivos, tres cuadros marcan la historia de la propia carrera y del deporte popular en España: la fotografía en blanco y negro de la primera edición de la carrera vallecana que se disputó en 1964 con triunfo de Jesús Hurtado; el cartel de la edición de 1978 con la firma del diario Pueblo y el anuncio de la presidencia de honor de S.A.R el Príncipe Felipe; y la histórica camiseta de 2003 que iba a marcar toda una revolución, ya con el patrocinio de Nike y el dorsal incluido como una parte más de la camiseta. 

Y entre medias, entre los tres cuadros y la diferencia entre los poco más de 50 atletas de aquella primera edición y los más de 40.000 corredores actuales, el propio Antonio Sabugueiro sigue siendo el ejemplo de cómo inventar y fabricar los sueños partiendo de cero. 

En diciembre de 1964, yo era jefe provincial, dirigía deporte y actividad deportiva y organizaba carreras y crosses que por aquel entonces siempre se disputaban en la Casa de Campo”, relata Sabugueiro ante la foto de la salida de la primera edición. 

Como el jefe local de Vallecas tenía más presupuesto que nosotros, dado que al ser un barrio tan popular tenía mucha relación con las empresas y tiendas de la barriada, bajé allí por si conseguía algo de ayuda para los trofeos de las distintas categorías. Después de la reunión, tomando unas cañas en la cafetería Bella Luz, manifesté mi hartazgo por el hecho de que las carreras siempre fuesen tan lejos del centro de la ciudad, entre el barro, y decidimos hacer una carrera por asfalto en el mismo barrio con la intención de acercar el atletismo a la gente. A lo grande, le llamamos Gran Premio de Vallecas, pese a que nunca se había disputado antes”. 

La gente siempre piensa que la carrera nació copiando la San Silvestre de Sao Paulo – continúa Sabugueiro -, pero por aquel entonces ni siquiera lo pensábamos. De casualidad, dadas las fechas que eran, tan solo decidimos hacer la carrera el último domingo de diciembre. Tras la segunda edición, el gran periodista José Luis Gilabert tituló en el diario Marca: “Madrid ya tiene su San Silvestre: la San Silvestre Vallecana” y desde ahí adoptamos el nombre y la carrera comenzó a disputarse el último día del año”. 

Desde ese punto de partida, la historia de la carrera y la de su fundador se convierte en una apasionante historia de trabajo e innovación, siempre en busca de un nuevo camino, de una nueva salida para seguir mejorando. Siempre con una frase como dogma: “lo que no teníamos en dinero lo teníamos en imaginación”. 

Durante aquellos primeros años, cada mañana Sabugueiro viajaba en autobús y metro desde su casa de Madrid hasta su puesto de trabajo en Pozuelo como jefe administrativo de una filial de RENFE, pero cada año el teléfono sonaba más y más, ante la mirada del Director General. Hasta que el poco tiempo libre resultó ser insuficiente para organizar una prueba que no paraba de crecer y que enseguida requirió el 100% del tiempo de su fundador. 

No había nada y tuvimos que ir inventando todo”, cuenta Sabugueiro, que desde el principio fue un pionero en aspectos tan fundamentales como la búsqueda de patrocinios para ir mejorando y poder llevar a Vallecas los mejores corredores del mundo de cada momento, capeones olímpicos y mundiales incluidos. 

La A.D. del Rayo Vallecano y las peñas rayistas le dieron un gran impulso a la carrera y desde el principio buscamos todo lo posible entre los comercios del barrio, al tiempo que pronto empezamos a percibir subvenciones que nos permitieron ir creciendo”, apunta el organizador madrileño. 

Desde la tercera edición conté con el apoyo de mi amigo Tomás Barris, uno de los mejores atletas de la historia de nuestro país, un hombre muy inteligente que supo abrir el atletismo español al mundo y sabía moverse muy bien por los países nórdicos y giras por Europa. Entonces el profesionalismo estaba prohibido por la IAAF, que solo permitía el alojamiento, la manutención y unas pequeñas dietas por día, pero gracias a los consejos de Barris conseguimos que Javier Álvarez Salgado fuese el primer atleta que cobrase en la carrera, unas 15.000 pesetas de la época, y gracias a su facilidad con los idiomas conseguimos que en 1967 viniese todo un campeón olímpico como el tunecino Mohamed Gamudi, lo que supuso la internacionalización de la carrera y la búsqueda de los mejores atletas del mundo que siempre nos ha acompañado”. 

Pese a las dificultades de la época, los muchos sinsabores de los inicios y tras conseguir vencer todas las barreras administrativas que por entonces existían en un ámbito absolutamente desconocido en Madrid durante aquellos años, el papel que ejercía Sabugueiro dentro de las secciones deportivas del Rayo le permitió ir haciendo contactos que mejorasen la carrera. Por una parte a través de la estrecha relación que fue tejiendo con todos los periodistas que acudían cada semana al campo de fútbol. Por otra parte, a través de las relaciones con algunos patrocinadores, como La Casera, “un patrocinio de lujo en aquel momento”, que, después de que el Rayo de Sabugueiro se proclamase campeón de España de Beisbol en 1970 en una competición patrocinada por la famosa bebida, comenzó a patrocinar también la carrera que, tras no haberse organizado en 1969 (el único año de su historia en blanco) renació con el nuevo apoyo económico y con más fuerza que nunca con la presencia de los mejores corredores españoles del momento y atletas como los británicos Mike Tagg o Chris Stewart. 

Siempre entre bambalinas, “en una época en la que ni siquiera se habían inventado los managers”, Sabugueiro viajaba cada año al cross de Lasarte y a la Jean Bouin de Barcelona en busca de conocer y contactar con los mejores corredores del momento. 

Al no existir los managers, todas las relaciones las tenías que hacer con las Federaciones – continua relatando Sabugueiro -. Como algo que dio mucho impulso a la carrera, yo traía a Madrid a un delegado, que siempre era un alto directivo de cada nación, y me volcaba en atenciones con ellos, llevándolos siempre a Los Canasteros, un tablao flamenco que les fascinaba. Además, en una noche tan señalada, mi miedo es que directivos y atletas de ese nivel no quisieran venir a Madrid, así que, por no traerlos nada más para correr y luego ir a dormir, como colofón organizábamos una gran cena con baile y se lo pasaban en grande, con multitud de anécdotas de atletas británicos que tuvieron hasta que subir las escaleras del hotel a gatas después de una gran fiesta”. 

El camino estaba marcado y con el paso de los años cada vez fueron llegando patrocinadores de mayor entidad que continuaron con un crecimiento imparable, al tiempo que la popularización de la carrera la convirtió en todo un icono deportivo: en 1974 llegó el Banco Central, en 1983 Caja Madrid y en 1997 la marca comercial Nike, hasta llegar al gran evento que hoy conocemos. 

Junto a la búsqueda de patrocinadores, desde el primer momento Sabugueiro vio claro que la publicidad era el otro aspecto fundamental para poder mejorar la carrera. 

En primer lugar, la participación del importantísimo diario Pueblo y la gran relación con el periodista Francisco Chico Pérez fueron vitales para el impulso publicitario, “con una página diaria en el periódico”, que luego, tras la desaparición de la publicación continuó con Marca como diario oficial de la prueba. 

Entre medias, siempre agudizando el ingenio y buscando el mayor impacto posible, otras acciones resultaron tan exitosas como la incorporación de las madrinas de honor de la carrera gracias a la sección de sociedad de Pueblo (Karina, Rocío Jurado, Rocío Durcal…) y el posterior establecimiento de los premios Silvestres a muchos de los rostros más reconocidos del deporte, la sociedad y el periodismo español. 

Afortunadamente, todo lo que pensaba me salía bien”, sonríe Sabugueiro, que pronto tuvo la oportunidad de viajar a ciudades como Nueva York o Londres para aprender de los mejores todos los secretos del deporte que en los años setenta y ochenta comenzaba a arrasar en las grandes ciudades de todo el mundo y que él siempre entendía en clave vallecana. 

Casi 55 años después de la primera edición, rodeado de fotos con las calles de Madrid repletas de miles de corredores, Sabugueiro repasa los nombres de los grandes atletas que han corrido en Vallecas, como si de una colección de cromos se tratase. En mujeres, desde Grete Waitz (“la primera mujer que cobró en 1981”) hasta Tirunesh Dibaba pasando por nombres como Iciar Martínez, Carmen Valero, Rosa Mota, Aurora Pérez, Patricia Arribas, Paula Radcliffe o Vivian Cheruiyot que permiten trazar gran parte de la historia del fondo femenino español y mundial. En hombres, desde el portugués Carlos Lopes, el primero que nos cita Sabugueiro cuando le pedimos un nombre, hasta atletas como Bill Adcocks, Fernando Mamede, Roger Clarck, Steve Jones, Arturo Barrios, Antonio Leitao, Osoro Ondoro, Paul Tergat, Eliud Kipchoge, Mike Kigen o Evan Jager entre tantos otros. Y, sobre todo, toda la legión de grandes fondistas españoles: Jesús Hurtado, Álvarez Salgado, Mariano Haro, Carlos Pérez, Josep Molins, Fernando Cerrada, José Luis González, José Manuel Abascal, Ramiro Matamoros, Abel Antón, Martín Fiz, Isaac Viciosa, Fabián Roncero, Chema Martínez, Jesús España, Toni Abadía, Adel Mechaal… 

 

 



No ha habido ningún gran corredor español de ninguna época que no haya pasado por Vallecas”, presume el propio Sabugueiro. 

Como cada última noche del año, dentro de una enorme fiesta deportiva, en la actualidad una auténtica marea de corredores comienzan a correr cada 31 de diciembre llenando de color las calles del centro de Madrid. 

Tras las primeras ediciones llegó un momento en el que tuvimos claro que la carrera había que sacarla de Vallecas para que siguiera creciendo. Estoy seguro que sin esa decisión la carrera nunca hubiese sido lo que es ahora”, apunta el fundador de la prueba. 

En primer lugar, la salida se trasladó a la sede del diario Pueblo en la calle Huertas. Después se movió al paseo de Recoletos, junto a la antigua redacción de Marca, para luego trasladarse al polideportivo Magariños en la calle Serrano y, finalmente, terminar desplazándose junto al estadio Santiago Bernabeu. Siempre regresando después a su propio origen y a la meta situada en el corazón de Vallecas. 

Por una parte, el recorrido por todo el centro de Madrid acabó dándole a la prueba el carácter universal que necesitaba, pero mientras, el final en Vallecas representa siempre el necesario regreso a las raíces, a la esencia. Hasta el punto que, después del cómodo paseo por el engalanado centro de la capital española, tras el paso por Atocha y el Puente de Vallecas, a la altura del kilómetro 7 el inicio de las cuestas de las calles del barrio es el punto donde empieza la verdadera carrera, el mayor desafío. 

¡Haro! ¡Haro! ¡Haro!” parecen seguir clamando las calles repletas de vecinos al paso de los corredores, cada vez más envueltos en espuma y llevados en volandas por un ambiente que parece tornarse más mágico por momentos. 

Nunca vi nada igual. El ruido y los gritos de la gente casi me dejan sordo”, declaró Eliud Kipchoge, ganador de la carrera en 2005 y 2006 con la mejor marca de siempre (26:54). “Ha sido una forma maravillosa de despedir el año. Esta gente ha creado un ambiente increíble” afirmó emocionada Paula Radcliffe tras su triunfo en 2005. 

¿Dónde está el espíritu de la carrera? ¿Qué es lo que convierte a la San Silvestre Vallecana en una prueba tan mágica? 

Sin duda, el secreto de esta carrera es el hecho de pertenecer a un barrio tan popular y tan especial. Vallecas es su auténtico alma”, termina de contarnos el propio Antonio Sabugueiro, convencido de que la carrera es una extensión más del espíritu del barrio y que es imposible entender a cada uno de forma separada. 

Siempre hay detalles que definen todo y correr desde el centro de Madrid hasta llegar a Vallecas en un día tan emblemático es una experiencia única. De repente te ves corriendo por las calles de Vallecas, rodeado del mismo ambiente que desde los años sesenta transmiten los vecinos que dejan hasta la cena a medio preparar para salir a animar a los corredores, tal y como hicieron sus abuelos, sus padres y ellos mismos cuando fueron niños, y sientes la emoción de estar corriendo allí la última noche del año. Esa es la verdadera esencia de la San Silvestre Vallecana”. 



Enlaces relacionados:

Página web San Silvestre Vallecana Internacional.
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Antonio Sabugueiro, verdadero alma mater de la San Silvestre Vallecana Internacional.
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