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HISTORIA DE LA COMPETICIÓN por Raul Leoni (ITA)
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1963 Napoles. Un momento de la final de 5.000m; en segunda posición Fernando Aguilar        Por una simple razón geográfica, el Mar Mediterráneo ha sido siempre un punto de encuentro de civilizaciones. Sobre este mar interior se han afianzado tres continentes, miles de kilómetros de costa a través de los cuales -desde las épocas más remotas- el hombre ha estado en contacto y ha intercambiado mercancías, experiencias e ideas: un impulso formidable para un variado campo de la actividad humana, del comercio y de la ciencia, así como del arte, la literatura, la religión, la filosofía, las leyes civiles y el derecho.

        Sin la existencia geográfica de este mar -sólo un pequeño espacio de agua comparado con la inmensidad del oceano y de las otras tierras emergidas- la situación no hubiera sido tan favorable al intercambio de conocimiento y cultura, y la historia del hombre seguramente no se hubiera desarrollado como hoy la conocemos.

       También el deporte -instrumento de confrontación tan importante y poderoso en la sociedad contemporánea- ha querido rendir homenaje a esta cuna de la civilización mediante de la creacción de una manifestación deportiva fascinante, y significativamente denominada desde su origen “Juegos del Mediterráneo”.

       Puede ser considerado como padre de este evento un gran dirigente deportivo egipcio, Mohamed Taher Pasha: suya fue la idea de dar vida a los Juegos del Mediterráneo, con ocasión de una sesión del Comité Olímpico Internacional durante la disputa de los primeros Juegos Olímpicos de la posguerra mundial, los de Londres 1948. Para el desarrollo de esta idea Mohamed Taher Pasha -presidente del Comité Olímpico Egipcio y vicepresidente del CIO- se puso en contacto con otro hombre brillante del deporte, el griego Ioannis Ketseas: y es significativo que precisamente por la iniciativa de dos exponentes claros de la historia de las civilizaciones del Mediterráneo -la egipcia y la griega- naciera este afortunado acontecimiento deportivo.

       Naturalmente fueron necesarios numerosos contactos previos entre las organizaciones deportivas de los países del área interesada y el impulso del COI fue decisivo para crear un acuerdo organizativo de base. El fruto de este primer esfuerzo fue la edición inaugural, celebrada en la ciudad egipcia de Alejandría, una sede que se escogió como homenaje al padre de los Juegos, Taher Pasha.

       En Alejandría, del 5 al 20 de octubre de 1951, se dieron cita 734 atletas de 10 países mediterráneos (además de Egipto, estuvieron Francia, Italia, España, Yugoslavia, Turquía, Líbano, Siria, Malta y Grecia, además, el principado de Mónaco, aunque fue invitado, no envió a ningún atleta), con 13 diferentes manifestaciones deportivas (atletismo, natación, gimnasia, fútbol, levantamiento de pesas, esgrima, lucha libre, lucha greco-romana, boxeo, remo, polo acuático, tiro al plato y tiro al blanco).

Fermín Cacho y Noureddine Morceli, un bello mano a mano en 1500m en la edición de Narbona 1993        Por lo que respecta al atletismo, a decir verdad se conoce un precedente no oficial: del 9 al 11 de septiembre de 1949 se celebraron en Estambul los “Campeonatos del Meditérraneo” con la presencia de atletas de sólo dos países: Turquía e Italia.

       Las tres primeras ediciones de los Juegos rindieron homenaje a los tres continentes -África, Europa y Asia- que se han asentado en torno al Mediterráneo: así a Alejandría le siguió la edición de 1955 en Barcelona (España) y por la de 1959 en Beirut, ahora una espléndida metrópoli cosmopolita conocida como “la perla del Mediterráneo”.

       No se puede esconder, por otra parte, que los Juegos del Mediterráneo -realmente conocidos también por momentos de extraordinaria lucha deportiva- no han podido evitar las vicisitudes políticas que han influido significativamente en este área geográfica en los últimos decenios: basta recordar que en 1959 Egipto y Siria se presentaron con una única representación -la de la República Árabe Unida- y que en 1967 Egipto no participó en la edición celebrada en Túnez debido a la “Guerra de los Seis Días”. Y en la última edición de 2001, de nuevo celebrada en Túnez, la competición de atletismo -por una extraordiaria coincidencia- comenzó el día 11 de septiembre de 2001, una fecha que permanecerá en la memoria de la historia de la época contemporánea.

       Por otro lado, en un periodo de existencia que dura ya más de 50 años, la participación en los Juegos del Mediterráneo ha seguido otros importantes avatares políticos: de la disolución de Yugoslavia se derivaron a partir de 1993 las adhesiones de otros países autónomos como Croacia, Eslovenia y Serbia-Montenegro. Igualmente, los atletas de Chipre, antes incluidos dentro de la formación griega, han participado de modo autónomo sólo desde 1987.

       Por lo que respecta al terreno puramente deportivo, es importante recordar la edición de 1967: fue esta la primera vez que los Juegos del Mediterráneo vieron por primera vez la participación de las mujeres (fueron 18 las “pioneras” en aquel evento). Otro importante cambio llegó en 1993: después de la edición de Atenas 1991, se decide interrumpir la tradicional cadencia cuatrienal con la disputa excepcional de la edición albergada por la región francesa de Rousillon-Linguadoc después de sólo dos años. Desde entonces, los Juegos se celebran en el año post-olímpico y no en la temporada pre-olímpica como se habían venido disputando anteriormente. Para coordinar la organización de esta competición deportiva, el 16 de junio de 1961 se constituyó el Comité Internacional de los Juegos del Mediterráneo (CIMJ o IMCG según las siglas inglesas o francesas), un organismo encargado de las decisiones operativas más importantes y de la supervisión de la candidatura: el primer secretario general fue el griego Ioannis Ketseas y el primer presidente el libanés Gabriel Gemayel. Actualmente ocupan estos dos importantes cargos el griego Nikos Filaretos y el francés Claude Collar. La sede permanente del Comité está en Atenas.

       En estos momentos los Juegos del Mediterráneo constituyen un acontecimiento de gran envergadura, con un programa técnico de absoluta excelencia y una consolidada posición en el calendario deportivo internacional: en la XIV edición disputada en Túnez, en septiembre de 2001, tomaron parte unos 3.000 deportistas de 23 países.

       Pero siguen estando vigentes las premisas culturales e históricas que, hace 50 años atrás, inspiraron a Mohamed Taher Pasha (1879-1970) en tan revolucionario proyecto: su idea extraordinaria continúa viva en nuestros días y, si es posible, la exigencia de amistad y solidaridad entre los pueblos del Mediterráneo -expresión de civilización por causas distintas - se ha tornado ahora en más importante y decisiva si cabe.


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