El debut de la selección española en la máxima categoría de la Copa de Europa se producía en la edición de Praga'87, dos años después de haber conseguido el ascenso en Budapest. España tenía ante si un reto difícil de alcanzar: mantenerse entre los grandes del continente. Las magníficas victorias de José Luis González en 1.500m, Abel Antón en 10.000m y José Manuel Abascal en 5.000m allanaron el camino al resto de la selección y posibilitaron la obtención de la séptima plaza, con lo que se cumplía el objetivo.
Cronológicamente la primera victoria llegó la tarde del sábado de la mano de José Luis González, que meses más tarde se colgaría la medalla de plata en 1.500 metros en el Campeonato del Mundo de Roma. El atleta toledano realizó una carreta antológica, superando al británico Steve Cram en una de las últimas vueltas más rápidas que se recuerdan en la prueba clásica del mediofondo. "Corrí los últimos 400 metros en 49.67, la vuelta más rápida de la historia de los 1.500 metros en aquellos momentos. Yo sabía que estaba muy rápido porque días antes había realizado buenos entrenamientos corriendo en Toledo un 300 en 36.5. Por eso salí con la idea de que me podía ganar muy poca gente. La carrera comenzó muy lenta, yo vigilé en todo momento a Cram, aunque también había otros atletas de calidad como el alemán oriental Hans Peter Herold. Cram tiró muy fuerte en los últimos 250 metros, yo siempre pensé que le vencería aunque me costó mucho más de lo que había pensado. Al final la diferencia fue de seis centésimas".
González sentía una predilección especial por la Copa de Europa. "Antes de Praga había participado ya en varias ediciones, incluso había vencido en Budapest en la Final B en 1985 y quería estar en la 'grande'. En aquellos años no había tantas competiciones internacionales como ahora, también se celebraba cada dos años lo que le daba una mayor importancia, y todas las grandes figuras de Europa estaban en esta competición", añadiendo que "los atletas de nuestra generación nos habíamos educado en los encuentros internacionales y una de nuestras consignas era pensar siempre en el equipo. Siempre salíamos con la idea de lograr la mayor cantidad de puntos posible para la selección".
Minutos más tarde saltaba a la pista del Estadio Rosicki de Praga el soriano Abel Antón, que años más tarde se consagraría en la prueba de maratón, obteniendo dos triunfos consecutivos en Campeonatos del Mundo sobre los 42,195km. Antón realizaba su debut sobre los 10.000 metros, una apuesta en principio arriesgada pero que luego se mostró decisiva para la permanencia de España. "La decisión se tomó porque en ese momento tanto José Luis González como Abascal eran fijos en los 1.500 metros y 5.000 metros. Yo era un poco el atleta de moda, estaba haciendo grandes marcas en esas dos distancias y como el 10.000 suele ser táctico en este tipo de competiciones, el entonces seleccionador Carlos Gil decidió apostar por mi pensando que con mi rápido final podría tener opciones de victoria. Al final la apuesta salió bien", declara Antón.
Los últimos metros de Antón, en un mano a mano espectacular con el italiano Salvatore Antibo, fueron una de las imágenes más recordadas de la competición. "Creo que el último 200 se corrió en 26 segundos. Antibo cambió de forma impresionante, yo le aguanté y en la recta entramos igualados. Incluso intentó meterme la mano en los últimos 20 metros pero no pudo con mi mejor final, añade Antón, que realizó una de sus primeras demostraciones de fuerza terminal en una prueba de largo aliento que luego le reportarían grandes triunfos.
Para el doble campeón mundial de maratón, la clave de la permanencia del equipo español estaba en "el magnífico ambiente que había en el equipo, todos nos animábamos y estábamos pendientes de lo que hacían los otros. Recuerdo especialmente a Javier Moracho, uno de los más activos en ese papel. Luchábamos prueba a prueba, eso ayudó a lograr la permanencia. Fue algo histórico porque dos años antes habíamos conseguido el ascenso en Budapest y el objetivo era permanecer en la máxima categoría".
Tanto González como Antón habían allanado el camino en la primera jornada y el domingo José Manuel Abascal, que tres años había sido medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en los 1.500 metros, se encargó de rematar la faena en los 5.000 metros. El cántabro recuerda que "en mediofondo el seleccionador nos subió a mi y a Antón de distancia. Fue una apuesta muy arriesgada pero no pudo salir mejor. En los 5.000 metros había gente de mucho nivel en la línea de salida: Hutchings, Antibo, Schildahuer… yo estaba un poco asustado por que la carrera pudiera salir rápida pero también sabía que este tipo de pruebas suelen ser tácticas. Tuve la suerte de poder mantenerme en el grupo. Mi lema era resistir y atacar al final. A falta de 200 metros cambié con fuerza y metí casi 50 metros al siguiente".
El segundo clasificado de aquella prueba fue precisamente el británico Tim Hutchings, que el año anterior había sido bronce en el Campeonato de Europa de Stuttgart. Una de las imágenes más curiosas de la jornada fue la de Hutchings en el suelo aplaudiendo a Abascal tras su triunfo. El corredor español recuerda bien este hecho: "el había tirado con fuerza en el último kilómetro y no había podido descolgarme y al final le saqué bastantes metros en meta. Al acabar la carrera me dijo 'tío estás impresionante". La victoria ratificaba la permanencia de España en la máxima categoría continental. Abascal añade que "el equipo viajó a Praga con mucha ilusión y cuando se intenta un objetivo hay que ir a por él, con humildad pero con ilusión. Si no confías en la victoria no la mereces".
Las victorias de González, Antón y Abascal marcaron un hito en la historia de la participación española en la Copa de Europa y abrieron un camino que luego continuarían el futuro otros atletas. En la actualidad, casi 19 años más tarde, aquel inolvidable fin de semana en Praga todavía está en la memoria de los buenos aficionados.