Real Federación Española de Atletismo
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Así lo vivió ... RAMÓN CID: Mis recuerdos

Ramón Cid saltando triple La irrupción de la pista cubierta supuso para los atletas, no especialistas en cross, un nuevo aliciente. Desde el punto de vista técnico, obligó a la doble periodización en las temporadas. Al espectador, además de lo confortable de la instalación, la proximidad con los protagonistas y un campo visual más reducido le facilitaba el seguimiento de todas las competiciones que se desarrollaban en la pista. En mi caso, como saltador, la temporada de invierno bajo techo era un verdadero regalo: sin viento (algo que personalmente me sacaba de quicio), con buena temperatura (no siempre), sintiendo la proximidad del público y, además, las ganas de volver a competir y ver a los amigos después de unos meses.

Con motivo de la conmemoración de los 50 años del inicio del atletismo en pista cubierta, me pide mi amigo Gerardo Cebrián que escriba mis recuerdos de esa parcela del atletismo. Salvo que goce de la compañía de atletas de mi época, donde es costumbre acabar charlando de las "batallitas" compartidas, intento hablar poco de mi pasado deportivo, me da pavor convertirme en un " yo fui" o en caer en el "en mi época"… pero lo intentaré. Os cuento algunos retazos de aquellos tiempos. Para ello, antes que a los datos, prefiero recurrir a los recuerdos almacenados en la memoria que, aunque manipulable y mentirosa en ocasiones, es parte importante en la configuración de nuestra forma de ser y pensar, lo que pone en presente nuestro pasado.

Las primeras imágenes que me vienen, en color sepia, son de largos desplazamientos en tren desde San Sebastián a Sabadell y a La Coruña para competir en los Campeonatos de España juvenil y júnior. Hablo del viaje (y el hotel) porque en esa época, no habíamos salido mucho de casa solos y el viaje constituía parte importante de una aventura que vivías con tus amigos durante largas horas. Después llegaba la instalación, su olor a cerrado, la luz, la pista y los enormes nervios de la competición. Es curioso, pero del primero no recuerdo muy bien el resultado, del segundo si, mi vanidad adolescente quedó sobradamente satisfecha.

En cuanto a instalaciones, de la que guardo mejores imágenes es sin duda del Palacio de los Deportes de Madrid. Quedar con Lili y coger el metro, la salida por la calle Felipe II, los numerosos controles de la FAM, el entrenador y los compañeros (Paco, Cocholi, Agustín, Lucía…), los rivales y amigos (Solanas, Morillas, Carrasco, Cabrejas, Santamaría…), las fotos del entrañable Velasco y los campeonatos con mucho y entendido público… me acercan con añoranza a mi época de estudiante en Madrid. Es una pena que muchos años y millones de euros después, Madrid no tenga ninguna instalación de este tipo. Para competir me gustaba también mucho la pista de Oviedo, muy acogedora y en aquellos tiempos cálida. En Valencia (en la antigua pista) solo competí una vez en un encuentro contra Francia.

A nivel internacional lo primero que la memoria me aporta son los encuentros internacionales en el Reino Unido, en Coxford, en un antiguo hangar de la RAF donde se instalaba una pista hueca, larga y estrecha en la que siempre salté poco. Los Campeonatos de Europa eran competiciones de mucha entidad, en esos momentos no teníamos mundiales, y en líneas generales tuve buenas actuaciones, aunque en San Sebastián, en mi casa, fue donde hice mi peor participación en un Europeo, fueron unos días muy convulsos en lo político que me afectaron de forma negativa. Afortunadamente, ese campeonato nos dejó una instalación maravillosa que hoy en día seguimos disfrutando.

Es también en pista cubierta donde se produce una de mis experiencias deportivas emocionalmente más intensas. En ocasiones las cosas no necesitan de un proceso lento para que se produzca un cambio. En el europeo celebrado en Milán, en un solo día, se modificó el rumbo de mi trayectoria atlética. Fui con enormes expectativas, estaba convencido de ser medallista y no pasé a la final (nulos largos y esas cosas que siempre contamos los saltadores). La decepción fue tan tremenda que a partir de ese día empecé a relativizar mi actividad deportiva y me hice un atleta vulgar y con pocas aspiraciones, hasta ese momento estaba convencido y muy confiado en mi potencial. Fue esto, unido a algunas lesiones, el principio del fin de mis ambiciones. En cualquier caso, prevalecen claramente los recuerdos positivos sobre los negativos. Los amigos y las experiencias acumuladas, las buenas y las malas, constituyen un bagaje del que estoy satisfecho.

Para el atletismo español, las temporadas indoor han sido fuente de enormes alegrías con innumerables medallas en diferentes campeonatos. Contribuyó en su momento, a base de buenos resultados, a eliminar complejos ancestrales.

Bueno Gerardo, gracias por darme esta oportunidad que, aunque con un tufillo nostálgico, me da la opción de rememorar tiempos felices. Aprovecho la ocasión para mandar un fuerte abrazo a todos y en especial a la gente de aquella época.




   





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